Paren el mundo

OPINIÓN 22/11/2016
Los designios del Señor son inescrutables y confunden hasta a sus representantes en la tierra más autorizados

Los designios del Señor son inescrutables y confunden hasta a sus representantes en la tierra más autorizados. Uno de éstos, muy caro a nuestros sentimientos, se confió tanto en el triunfo de su amado candidato Scioli que sotto voce mandó a votar por Vidal en la Provincia para evitar que ganara el disgustante Aníbal Fernández, y ya sabemos cuál fue el resultado en las nacionales. Luego montó el tinglado para la firma del tratado de paz en Colombia, y ya sabemos que la votación fue adversa. También estuvo tras el acuerdo histórico entre el gobierno de Obama y el gobierno de los Castro para restablecer las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, con la consecuencia última de que la población hispana de la Florida torció la balanza y, por obra de ese demoníaco sistema indirecto, ahora los Estados Unidos tienen por presidente al candidato que sacó menos votos. La tradicional maldición china: “Que vivas tiempos interesantes”, está en vías de cumplirse. No hace falta que Donald Trump cumpla con sus promesas de campaña; de hecho, ya ha debido salir a enfrentar las consecuencias de su verba floja frente a los brotes locales de racismo, y la extrema derecha celebra la soga con la que terminará de ahogar a sus países. Los panoramas son temibles en Hungría, Austria, Alemania, Francia, Rusia, y recién empezamos. Acá hace vanguardia xenófoba el senador Pichetto, que seguro cree que las poblaciones originarias del país estaban conformadas por italianos, y es Luis Barrionuevo quien celebra el triunfo del magnate del revoque capilar dorado, asegurando que sus propuestas son caras al peronismo. Tampoco se entiende bien cómo es que a partir de ahora se desarrollará el mercado interno de los Estados Unidos y mejorarán los niveles de ocupación y salarios de los trabajadores blancos poco instruidos, cuando el motor propuesto de la reactivación de la economía se sostiene es quitarles impuestos a los ricos para que, en el fin de los tiempos o un ratito antes, la guita acumulada se vuelva agua y se derrame, ni cómo producirá tales esperables cambios un showman que se hizo famoso por gritarles a los integrantes de su reality show que estaban despedidos. Quizá no haya que calentarse demasiado, anticipadamente, ya que su renuncia a los acuerdos de Kyoto y su apuesta por la vuelta a las fuentes de energía anacrónicas y contaminantes (el calentamiento climático: un invento chino) garantizan que de aquí a treinta años la temperatura del mundo habrá subido los tres grados que son necesarios para que los osos polares lleguen nadando hasta las costas del gran país del Norte, con lo que volverán a ponerse de moda los tapados blancos. Pero antes que eso, con el fascismo esplendoroso en sus diversas expresiones autóctonas, explotarán aún más los conflictos raciales, las guerras por el color de piel y por la procedencia y condición de local en los terruños, y como siempre se ocultará lo evidente: que parte del problema lo tienen las condiciones estructurales de producción en serie, que disminuyen la necesidad de mano de obra ocupada, y un sistema de acumulación perfecto si se contempla desde arriba de la aspiradora, y preocupante si uno se encuentra en la parte baja de la manguera. En medio de ese panorama, el profeta stalinista Zizek cree encontrar en el triunfo de Trump la posibilidad de un cambio revolucionario favorable a la izquierda.

¿Cómo llegamos a esta situación?

Algunos astrofísicos –y Ridley Scott, que la usó en su película Prometeus– creen que la vida en la Tierra se debe al ingreso en nuestro planeta de formas microbianas llegadas de distintas galaxias a través de algún asteroide o cometa. De aquellos mínimos bichitos a esta cosa que somos, nos separan algunos miles de millones de años de azarosa combinación y evolución, un ciclo que no parece detenerse por circunstancias particulares. La explosión del reactor nuclear de Fukuyama ha dado por resultado una consecuencia inesperada: el surgimiento de nuevas generaciones de mariposas con alteraciones genéticas. Nuevas formas de belleza surgirán de las ruinas del planeta cuando nuestra torpeza esencial haya acabado con todo lo bueno conocido.

Fuente: Perfil

Te puede interesar