ADICCIONES 2.0

¿Adaptación progresiva a las TIC o verdadero trastorno patológico?

Resulta obvio que comprar, jugar, trabajar y practicar el sexo son conductas socialmente aceptadas pero, como proveen un estado de gratificación inmediata, la relación que la persona establece con ellas puede llegar a ser problemática y considerarse una “adicción conductual”. Por lo tanto, parece lógico plantearse la forma en la que ciertas personas realizan estas acciones, puesto que su conducta puede ser similar, al menos en parte, a los comportamientos y vivencias de aquellos que son adictos a drogas.

En nuestra sociedad, el progreso social se produce en paralelo al de la comunicación. Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) promueven nuevos estilos para trabar relación tanto con personas nuevas como con amigos o conocidos. En este sentido, es posible afirmar que Internet favorece la aparición de un modelo social de relación que se podría denominar “individualismo en red”, es decir, individuos que construyen, en Internet, sus redes de intereses y afinidades. Este individualismo no sería más que un vivo reflejo del cambio relacional que se da en nuestra sociedad: las relaciones dejan de basarse en las estructuras tradicionales como la familia, la comunidad o el trabajo y se personalizan al máximo, estableciendo comunidades construidas en torno a intereses concretos y en las que la distancia no tiene por qué ser un factor determinante. La telefonía celular es otra TIC que ha sufrido un desarrollo espectacular. El teléfono celular se ha convertido en un objeto social, dominante y personal. Se utiliza para hablar, enviar mensajes, escuchar música y filmar en contextos profesionales, culturales, relacionales y recreacionales. Todo ello nos lleva a pensar que la telefonía celular e Internet son elementos clave de una auténtica revolución social.

Por otro lado, en los medios de comunicación aparecen frecuentemente noticias relacionadas con el poder adictivo de estas TIC. El atractivo de Internet y del celular podría compararse con las propiedades reforzadoras de las sustancias adictivas. Internet, por ejemplo, aporta elementos como el anonimato, la capacidad de socializar y sentirse miembro de un grupo, la construcción de identidades, los juegos sexuales y de galanteo, el bienestar psicológico, la inmediatez, la accesibilidad y la comunicación mediante la escritura, menos estresante que el “cara a cara”. Por su parte, el teléfono celular brinda la oportunidad de estar en contacto permanentemente, de socializarse, de disfrutar del ocio, de generar seguridad y una sensación de control en padres y parejas, de asumir autonomía, de proporcionar intimidad, de favorecer la conciliación familiar, de facilitar la gestión del tiempo y de la información, de expresar sentimientos y, además, de combinar dos tipos de comunicación, la sincrónica, vale decir la comunicación oral, y la asincrónica, o sea la comunicación a través de las diferentes formas de enviar mensajes de texto.

Los elementos diagnósticos esenciales de las adicciones son la dependencia psicológica y los efectos perjudiciales. La dependencia psicológica incluye el deseo, ansia o pulsión irresistible, la polarización o focalización atencional, la modificación del estado de ánimo (sensación creciente de tensión que precede inmediatamente el inicio de la conducta; placer o alivio o incluso euforia mientras se realiza la conducta; agitación o irritabilidad si no es posible realizar la conducta) y la incapacidad de control e impotencia. Los efectos perjudiciales tienen que ser graves y alterar tanto el ámbito intrapersonal (experimentación subjetiva de malestar) como el interpersonal (trabajo, estudio, finanzas, ocio, relaciones sociales, problemas legales, etc.). Los síntomas deben estar presentes durante un periodo de tiempo continuado.

En una adicción pueden existir otros síntomas no esenciales como la tolerancia y la abstinencia, la negación, la ocultación y/o minimización del problema, el sentimiento de culpa, la disminución de la autoestima y el riesgo de recaída y de reinstauración de la adicción.

Diferentes autores consideran la dependencia psicológica como uno de los síntomas más importantes en las personas adictas a Internet. La actividad se convierte en la más importante al dominar pensamientos y sentimientos, de modo que cuando no se está conectado, se piensa en qué se debe hacer para conseguir una conexión o en qué se hará durante la próxima conexión. Parece que nada es posible sin Internet y todo gira en torno a ella. Aparece preocupación por Internet cuando no se está conectado, así como un impulso irresistible a realizar la conducta. Paralelamente, se limitan las formas de diversión, se reducen las relaciones sociales y la actividad física. Las amistades y el ocio giran exclusivamente en torno a Internet. Este aislamiento, unido a que se siente una intensa intimidad en línea, posibilitan la experiencia de satisfacción inmediata y huida de los problemas. El estado de ánimo se modifica y se produce una sensación creciente de tensión que precede inmediatamente al inicio de la conducta; la persona afectada experimenta placer o alivio mientras se realiza la conducta, y agitación o irritabilidad si no es posible realizarla. La conducta se ejecuta pese al intento de controlarla y/o detenerla una vez iniciada. Se permanece muchas horas conectado, pierdiendo la noción del tiempo. La persona es incapaz de interrumpir la conexión y se conecta, pese a no pretenderlo, arguyéndose diferentes excusas -comprobación compulsiva de mensajes-, o se conecta antes y durante más tiempo. Es característico que la intensidad de estos síntomas aumente gradualmente.

Se observan síntomas de abstinencia físicos y psicológicos -alteraciones del humor, irritabilidad, impaciencia, inquietud, tristeza, ansiedad-, en caso de verse obligados a interrumpir la conexión, a no poder llevarla a cabo o a la lentitud de la misma. Para conseguir la excitación inicial, decaída por el efecto de la tolerancia, se recurre a trucos como aumentar el número de conversaciones abiertas en un chat. También se produce agitación o irritabilidad si no es posible realizar la conducta llegando, en algunos casos, a lo que se podría denominar como cuadros de “cibercrísis”.

Vivimos en una sociedad en la que prevalece la emoción por encima de los sentimientos, donde la publicidad, el tipo de diversión, los valores sociales, el arte e incluso las relaciones personales, conducen a que el hombre moderno valore la “emoción choque” por encima de la “emoción sentimiento”. El chat, los correos electrónicos y los sms son canales adecuados para expresar las emociones rápida y fugazmente. Algunos canales comunicativos de Internet se desarrollan porque se adaptan perfectamente a las necesidades emocionales light de la sociedad actual. Estas “emociones choque” son más adictivas que las “emociones sentimiento” o “emociones contemplación”, por la misma razón que las propiedades adictivas de los juegos de azar son directamente proporcionales a la rapidez de la recompensa. Hasta finales de la década de los noventa, los ciudadanos se sentaban para ver programas de televisión mientras que en la actualidad los nuevos medios de comunicación, desde el celular a Internet, son instrumentos interactivos que incitan no sólo a ver sino a promover. Mediante Internet y el teléfono celular la persona es un elemento activo que ejercita una conducta gratificante y, como tal, susceptible de adicción.

En la mayoría de los casos, el uso excesivo de Internet no merece el rango de trastorno psicopatológico aunque ocasione consecuencias negativas en el ámbito académico o familiar. Sin embargo, la existencia de casos clínicos sugiere que el uso desadaptativo de Internet es un problema real que afecta gravemente a algunas personas.

Finalizando, me gustaría resaltar que las opiniones de los especialistas más calificados en la materia nos hablan de que es más probable que los problemas aparezcan en personas en situaciones estresantes de su vida o con necesidades especiales temporales, los que buscan estimulación sexual, en personas aquejadas de trastornos psiquiátricos y/o trastornos de personalidad, en adolescentes y estudiantes, o finalmente, en nuevos usuarios. En muchos casos el uso desadaptativo o abuso a Internet se corregirá por si solo en un plazo limitado de tiempo. Este devenir, similar al de muchas conductas gratificantes, no evita que una minoría pueda desarrollar una adicción que ocasione dependencia psicológica y daños intra e interpersonales.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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