ADOLENSCENCIA Y ALCOHOL EN ARGENTINA

Una moda muchas veces asesina
o-BOTELLON-facebook

Un informe dado a conocer recientemente, sobre una encuesta realizada a jóvenes argentinos de entre 12 a 17 años, sobre el consumo de drogas, arrojó un muy curioso y preocupante dato: el 80% de los encuestados respondió que consumen bebidas alcohólicas, mientras que el 20% restante dijo tener adicción al cigarrillo, a las bebidas energizantes y a otro tipo de estimulantes que nada tienen que ver con las drogas, ya sean las llamadas “blandas” o las “duras”. Lo curioso, como decía, de esta encuesta es que la mayoría de los encuestados no tiene bien en claro qué son en realidad las drogas, y lo preocupante es el altísimo consumo de alcohol en los adolescentes argentinos.

El alcohol es un líquido incoloro, volátil, con olor característico, sabor ardiente y muy inflamable.

La absorción del alcohol se hace rápidamente. Aproximadamente un 20% se absorbe ene le estómago y el resto en la parte superior del intestino delgado. La presencia de alimentos en el estómago hace que esta absorción sea más lenta.
El alcohol pasa rápidamente a la sangre y en caso de embarazo también a la circulación del niño. Del 90 a 99% es quemado u oxidado en el hígado, el resto se elimina por el riñón y por el aire.

La acción principal se produce en el sistema nervioso central, los cuales se pueden dividir en 3 períodos a medida que el alcohol va inhibiendo o deprimiendo los diversos centros del sistema nervioso (si la dosis de alcohol ha sido pequeña, los efectos quedarán en la 1ª etapa; y a medida que se aumenta la cantidad seguirá pasando de etapa):

Período de excitación: Hay una sensación de euforia; bienestar físico mental, con alegría y pérdida de la timidez. El juicio, racionamiento, sentido de ver y responsabilidad, memoria, están disminuidos. Al aumentar la cantidad de alcohol la cara se enrojece, los ojos se ponen brillantes, el pulso aumenta y la piel se calienta y se humedece. Aparece una excitación sexual.

Período de incoordinación: Falta de dominio sobre mente y cuerpo. Dificultad en el habla. Cambios de humor. Violencia. El pulso y la respiración se acelera, aparecen vómitos, la visión se torna borrosa y los se sienten zumbidos en los oídos.

Período de coma: Aparece un sueño profundo y se pierde la sensibilidad y los movimientos voluntarios. Está en estado de coma. El pulso es débil y la piel de la cara y manos tienen un color levemente azulado. El cuerpo se enfría. Las pupilas están dilatadas. Los músculos se relajan. Los reflejos estén disminuidos. Hay incontinencia de orina y materia fecal. Puede ocasionarse la muerte. Al despertar hay embotamiento del sistema nervioso, dolor de cabeza y abdomen, sed, nauseas y vómitos.

A su vez, la adicción al alcohol, por parte de los individuos, se desarrolla en tres etapas:

ETAPA 1: Bebe demasiado en reuniones, aumenta su tolerancia y frecuencia de ingestión, bebe con rapidez, sufre lagunas mentales, siente preocupación por beber, bebe furtivamente, manifiesta cambios en la actitud y forma de beber.
ETAPA II: Sufre pérdida de control, bebe a la mañana para curarse la borrachera, siente aumento del impulso sexual y a la vez impotencia o frigidez, inventa pretextos, sufre reproches, muestra agresividad y conducta antisocial, siente remordimientos después de la borrachera, intenta dejar de beber, cambia la forma de de beber, ocasiona la pérdida de sus amigos, siente resentimiento, pierde o cambia frecuentemente de trabajo, su familia se aparta, cambia de hábito respecto a sus amistades y la comunidad, piensa en huir, se oculta.
ETAPA III: Sufre borracheras prolongadas, pierde tolerancia al alcohol, lleva más tiempo curarse de una borrachera, padece temores, se derrumba su sistema de pretextos.

Se considera alcohólico a aquella persona que padece una enfermedad: el alcoholismo. Este se caracteriza por depender del alcohol tanto física como psíquicamente y la capacidad de detenerse a abstenerse en su forma de beber aunque esto ocasione graves daños en su salud, empleo, mente y familia. Un alcohólico puede ser identificado a través de ciertas señales típicas: promesas de tomar menos; discusiones sobre la bebida; negación sobre su forma de beber; pérdida de conciencia; ansiedad y temores.

Es importante a su vez diferencian entre una intoxicación aguda y el alcoholismo como dependencia del alcohol. El consumidor fuerte de alcohol tolera más que aquel que no bebe frecuentemente, es decir que este se emborrachará más fácilmente. Pero esto también se da en alcohólicos con grado avanzado, quienes con poca cantidad de alcohol manifiesta signos de embriaguez.

El alcoholismo es producto de un consumo regular y consistente durante un transcurso de tiempo, que puede ocasionar una sensación de dependencia física y supresión durante períodos de abstinencia, sin embargo esta no es la única causa. Para que una persona se vuelva alcohólica se deben tener en cuenta otros factoes biológicos, genéticos, culturales y psicológicos.

A su vez el alcohol tiene un efecto tóxico directo y un efecto sedante sobre el organismo; la ingestión excesiva de alcohol durante períodos prolongados conduce a carencias en la nutrición y otras necesidades orgánicas. Los efectos sobre la mayoría de los sistemas del organismo son acumulativos e incluyen una gran variedad de alteraciones en el aparato digestivo, como úlceras del estómago, del duodeno, pancreatitis crónica y cirrosis hepática, así como lesiones irreversibles en el Sistema Nervioso Central y el Sistema Nervioso Periférico. Pueden llegar a producirse desmayos, alucinaciones, temblores, síndrome de abstinencia, delirium tremens . También puede causar daños graves en el feto, especialmente en el desarrollo físico y mental. El alcohol se incorpora rápidamente al torrente sanguíneo; al nivel del Sistema Nervioso Central, provoca depresión de las funciones de autocontrol y autocrítica, disminuye la coordinación motriz y afecta la respiración y circulación. Los efectos crónicos incluyen trastornos de la conducta y de la comunicación; disminución de las facultades mentales y obsesión por la ingesta de alcohol, trastornos en la sexualidad y graves lesiones orgánicas.

En cuanto al consumo de bebidas alcohólicas en adolescentes, se ha popularizado rápidamente en este grupo y cada vez son más jóvenes las personas que beben, pero el consumo de alcohol ha sido siempre fuente de graves problemas. Entre las causas que llevan a la juventud a consumir alcohol, se menciona el falso atractivo de entrar en el mundo de los adultos y romper con las pautas que marcan el universo de la niñez. Otra, En cambio, es que se considera que no hay verdadera diversión sin alcohol, ya que este estimula la corteza cerebral y vuelve más eufóricas a las personas. Pero tras esos efectos aparece una pérdida de autocontrol y las personas asumen conductas que sin el catalizador etílico no serían capaces de adoptar.

Argentina cuenta con más de 1.250.000 alcohólicos mayores de 16 años, y más de 800.000 de entre 12 y 15 años que ya consumen alcohol regularmente.

El abuso de alcohol en menores se encuentra instalado y socialmente aceptado. Hasta hace algún tiempo, esta nociva costumbre fue considerada una moda temporaria que terminaría por extinguirse, pero esa actitud permisiva tuvo grandes consecuencias: la afición por el alcohol se ha convertido en un hábito que tiene hondo enraizamiento en las franjas más jóvenes de la sociedad.

A pesar de las reglamentaciones vigentes, éstas son reiteradamente violadas porque nadie se preocupa por hacerlas respetar en relación a la obtención del alcohol por parte de los jóvenes. A esto se suma el cuidado despreocupado de los núcleos familiares y el desmedido afán de lucro de ciertos comerciantes a los cuales poco o nada les importa el daño que están provocando.

La dependencia al alcohol, también llamada alcoholismo, es una forma crónica de abuso de alcohol que tiene efectos fisiológicos, de conducta y cognitivos: cuando se toma alcohol repetidamente, y durante un periodo de tiempo prolongado, el cerebro se adapta a su uso, esto es, el cuerpo se vuelve tolerante al alcohol y depende de él para mantener algunas de sus funciones.
Esta adaptación del cerebro al alcohol significa que cada vez es menos sensible a los efectos del consumo, por lo que la dosis debe incrementarse gradualmente para obtener el mismo efecto de las primeras ingestas de alcohol. A medida que las neuronas se van adaptando a dosis cada vez más altas de esta sustancia, funcionan de forma aparentemente normal a pesar de estar “bañadas” en alcohol. En este estado, cuando el efecto de una dosis apenas ha desaparecido, puede haber ya causado efectos severísimos en el comportamiento, o incluso la muerte. En definitiva, se ha desarrollado una tolerancia al alcohol.
La dependencia, que se acompaña normalmente de la tolerancia, se vuelve manifiesta y, por tanto, puede ser observada cuando hay una abstinencia en el consumo de alcohol. Cuando una sustancia adictiva se administra repetidas veces en un intervalo que produce tolerancia, el cerebro se adapta a la presencia de la droga (es decir, hay una neuroadaptación). La normalidad aparente de las funciones cerebrales enmascaran así un cambio neuroquímico subyacente que sólo se manifiesta si se deja de consumir el alcohol bruscamente, ya que con la interrupción del consumo emergen los desórdenes cerebrales, conocidos como síndrome de abstinencia. Así, se experimentan síntomas como estallidos de actividad eléctrica en el cerebro, convulsiones y a veces fenómenos psicóticos como alucinaciones, que hacen evidentes los cambios cerebrales que permanecían ocultos mientras se bebía. Los síntomas de esta abstinencia desaparecen al volver a consumir alcohol, y este hecho es el que hace que sea tan difícil para los dependientes al alcohol dejar de consumirlo, porque saben que al beber de nuevo sentirán un alivio inmediato de los síntomas. Pero este alivio significa que su organismo ya solo funciona “normalmente” con la presencia del alcohol, es decir, se ha vuelto dependiente del alcohol.

A menudo la dependencia del alcohol no se detecta durante años. La facilidad con que se consiguen las bebida alcohólicas y la manera en que se consumen parecen ser factores importantes en la probabilidad de que una persona llegue a ser dependiente del alcohol. Pero también puede haber un componente genético, porque en algunas familias el alcoholismo se repite entre varios de sus miembros. De todas formas, no hay seguridad de que estas repeticiones no sean consecuencia de comportamientos aprendidos.

El problema del incremento en el consumo de alcohol por parte de los adolescentes plantea, de manera directa, la hipótesis de que este aumento se da, hoy en día, a causa de que los jóvenes lo utilizan como un elemento para incluirse en el grupo, debido a sus efectos deshinibitorios, lo que les facilita esta integración, relacionándolo, a su vez, con la diversión y la moda.

Para finalizar, resta sólo señalar que el consumo de alcohol, tanto en adultos y especialmente en adolescentes, configura un grave problema que debe ser abordado en el sentido más abarcativo posible, es decir, teniendo en cuenta todos loas aspectos que lo integran y desde todos los ámbitos en que se desarrolla. Su incidencia dentro de la adolescencia va en franco aumento y sus consecuencias llegan, en muchos casos, a ser, literalmente, mortales.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

Te puede interesar