EL "BULLYING" MATA

Cómo prevenir y enfrentar el acoso escolar
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Una vez más el bullying se ha cobrado una nueva víctima. Esta vez se trató de un adolescente de 13 años que se suicidó en la Ciudad de Zárate debido al acoso que sufría, por parte de sus compañeros de colegio, debido al color oscuro de su piel.

Como suele suceder en estos casos, los medios de comunicación nos brindaron los detalles más tétricos de este suceso: cómo, cuándo, dónde y de qué manera este joven se quitó la vida. Eso es lo que vende. Muy pocos son lo que se adentran verdaderamente en esta problemática y brindan consejos para la detección y prevención de un flagelo social que puede, y de hecho ya la ha realizado en innumerables oportunidades, acabar, literalmente, con la vida de nuestros hijos.

Entonces, ¿qué podemos hacer cuando nuestro hijo está involucrado en una situación de maltrato en la escuela? Primeramente, si nuestro hijo es la víctima, nosotros como padres de familia, tenemos que actuar.

Como es sabido, esta situación pasa desapercibida tanto para los padres como para los maestros de la institución, es decir, este es un tipo de violencia que no sale a flote pero que el alumnado sí la conoce perfectamente. Ellos saben que hay un problema, saben que hay un abuso de parte de un estudiante sobre otro, pero que los adultos, maestros y padres, por lo general, casi nunca se enteran.

Es muy importante que si usted recibe información o hay una sospecha de que su hijo pueda estar recibiendo algún tipo de maltrato, lo primero que hay que hacer es confirmar la información. Hay que ir al fondo del asunto y hablar con el hijo.

Una vez que se ha comprobado el asunto, tiene que brindarle un apoyo incondicional, asegurarle que se va a estar con él y se lo va a ayudar a resolver la situación. Hay que darle la confianza de que todo va a salir bien, para que no tenga temor y aprenda a enfrentar las circunstancias. Es muy importante que entienda que va a tener apoyo y ayudar; recordemos que en este tipo de violencia, la víctima difícilmente podrá salir bajo sus propios medios.

Hay que reforzar la autoestima del adolescente, decirle que lo que está viviendo es una situación más allá de sus fuerzas pero que hay gente que le va a ayudar y hay que darle oportunidad de restablecer su relación social. Este tipo de violencia hace que los jóvenes se vayan aislando y separando del grupo de compañeros, lo que trae consigo algo de miedo, angustia, rencor y amargura que los llevan a ensimismarse y a no tener relaciones con los demás.

¿Cómo actuar si nuestro hijo es el agresor?

Sabemos que el agresor también tiene consecuencias, pues le brinda maneras de pensar que no son las más adecuadas para relacionarse en un ambiente social, familiar, etc. Algunas familias cuando se dan cuenta de que su hijo es un agresor y una persona violenta, que está golpeando y abusando de otros, tienden a tener un sentido de culpabilidad y responsabilidad muy fuerte. Es necesario hacer a un lado estos sentimientos para poder ayudar a su hijo.

Es muy importante entonces que, más allá de ese sentimiento de culpabilidad, entienda que ese tipo de conducta es inaceptable. Un muchacho que está agrediendo a otros no puede ser tolerado, tiene que ser ayudado y tienen que ser corregido para que deje esa forma habitual de relacionarse con los demás.

Hay que actuar con urgencia y firmeza, es decir, manteniendo comunicación con el muchacho y preguntándole el porqué de esa conducta, para que él pueda externarlo. Incluso, a veces pueden ser situaciones reflejo, o sea, que él fue víctima y ahora está actuando así como una manera de protegerse o desquitarse y para mantener un estatus o cierto nivel de poder sobre las personas. Hay que ayudar a los agresores cuando los descubrimos; no se trata de victimizarlo, de exhibirlo, menospreciarlo o ridiculizarlo delante de los demás. El muchacho necesita ayuda porque está en riesgo también su estabilidad psíquica, porque ha agredido y roto normas. Es bueno hablar con él y encausarlo para darle oportunidad de que se rehabilite y pueda cambiar su actitud.

Muchos padres piensan que apoyan a sus hijos cuando adoptan la posición de: “no creo, mi hijo se porta bien, yo estoy con él, yo no lo catalogo como un agresor”. Esto, lejos de arreglar las cosas, las empeora. Es cierto, de momento la información puede ser muy dura, pero como padre sensato que de veras quiere arreglar las cosas y que quiere que haya un buen ambiente escolar, investigará la verdad con imparcialidad y de forma objetiva.

Siendo el agresor, va a afectar a otras personas, a dañar a terceros y a sí mismo; se está insensibilizando, está perdiendo el respeto por las demás personas, no tiene compasión de los que sufren. Es decir, se está formando un carácter violento y duro y una forma de resolver los problemas a base de la violencia y del abuso de poder.

¿Qué debe hacer la escuela?

La escuela tiene una gran responsabilidad al respecto, ya que está en una situación muy complicada, porque se debe hablar con los padres de familia cuyos hijos son violentos, o con los padres cuyos hijos son las víctimas, lo cual no es fácil.

En los padres de familia puede haber muchos sentimientos involucrados, puede haber mucha indignación o molestia, porque piensan que en la escuela no se está haciendo lo necesario para fomentar un ambiente más sano. Incluso, hay padres de familia que se sienten muy indignados y hacen grandes escándalos cuando la escuela se atreve a sugerir que su hijo es violento.

La escuela, para empezar, tiene que establecer reglamentos claros, que normen la conducta de los alumnos dentro de las instalaciones. Reglamentos que mencionen las disciplinas que deben llevarse a cabo en los alumnos al no cumplirlos, para que se fomente un ambiente de cordialidad, buen trato y respeto mutuo. Estos reglamentos deberán ser transmitidos a los alumnos y a los padres para que todos estén bien enterados en qué consiste el mismo.

El mundo occidental está siendo cada vez más consciente de que las acciones violentas no son convenientes y que tienen que atacar y erradicar ese tipo de comportamientos. Por lo tanto, la escuela debe tener normas, comunicarlas y cerciorarse de que, tanto alumnos como padres, las entiendan y comprendan.

Cuando se presenta algún problema, las escuelas deberán investigar con prontitud y rapidez, y resolver cuidadosamente cada uno de los eventos que se presenten. Deberá interactuar con los padres y los alumnos para poder resolver el problema, aclarar las cosas y buscar la mejor forma de ayudar a todos.

Para finalizar, quisiera citar el versículo 25:1 del Deuteronomio: “Si hubiere pleito entre algunos y acudieren al tribunal para que los jueces los juzguen, éstos absolverán al justo y condenarán al culpable.”

La Bilbia nos explica un principio muy importante en las relaciones humanas: la justicia. En otras palabras, todos los seres humanos tenemos relaciones unos con otros y dentro de éstas puede haber diferencias y pleitos.

Cuando una autoridad se da cuenta de esto tiene que actuar, tiene que castigar al culpable y absolver al inocente. Cuando se hace eso en cualquier ámbito de la vida, se crea un ambiente de justicia y los que quieren abusar de otros se dan cuenta que no pueden hacerlo sin recibir las consecuencias. El inocente y débil, al ver que hay un sistema de justicia que los protege, puede andar con confianza.

El bullying tiene que ser tratado a fondo. No se puede permitir que aquellas personas jóvenes que abusan del poder perseveren en ello; se debe actuar y ver la manera de cortar de raíz el problema, para defender a los inocentes y que todos tengan la misma oportunidad y los mismos derechos.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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