"OPERATIVO APRENDER"

Reflexiones sobre política educativa

Los portales de la mayoría de los medios masivos de comunicación muestran hoy el descontento generalizado en toda la comunidad educativa, esto es, alumnos, docentes y gremio por el llamado “Operativo Aprender”, una evaluación que abarcará a casi un millón y medio de estudiantes del último año de la secundaria y de sexto grado de la primaria de escuelas públicas y privadas, para determinar el nivel de conocimientos en lengua, matemática, ciencias naturales y sociales.

Esta tensión, dejada en evidencia por una simple evaluación, que sólo intenta llevar un poco de luz sobre el tema educativo, ha sido el disparador para plantear una serie de reflexiones sobre el mismo.

No se tratará de hacer aquí ni una historia de la Argentina ni una filosofía de la educación normativa, cuanto de intentar comprender mejor el presente que vivimos los argentinos.

Por cierto, el recurso a la historia será necesario pero no suficiente. La historia es maestra de vida si se utiliza la inteligencia en su lectura y se generan hipótesis para el futuro. Y la historia argentina da pie para ello. ¿Cómo es posible que haya por un lado desnutrición infantil en un país de más 40 millones de habitantes, con la abundancia de recursos naturales, capaz de alimentar a más de 300 millones de personas? ¿Cómo ha sido posible medio siglo de “saqueos impunes” a las cajas de los aportes jubilatorios, la inflación y el robo camuflado al asalariado, la asquerosa y cínica impunidad de sus agentes, el aprecio por sus grandes héroes del pasado y el rechazo de la clase política de las últimas décadas, la dicotómica actitud de crítica casera y de evasión del compromiso para con las ideas patriotas, la pasividad o resignación en las protestas de los afectados, la aparente incapacidad de aprendizaje de los argentinos en materia de participación política, como secuela de un pueblo saqueado sistemáticamente y no unido por algún valor y orgullo nacional presente, la incierta finalidad de hecho del proceso educativo y de sus políticas?

Esta situación no se interpreta en el vacío o desde el vacío, como si no hubiese un pasado y un condicionante presente; se las interpreta desde ellos y desde situaciones concretas generalizables. Las interpretaciones filosóficas no pretenden ser una mera descripción de casos particulares, sino su universalización, para -al menos- constatar la dimensión de lo anecdótico.

Quizás ninguna vida humana sea fácilmente vivida, porque el hombre es heterogéneo respecto de sus entornos; generalmente es sobrepasado por sus deseos o por los desafíos de las circunstancias, a las cuales debe superar o adaptarse.

El vivir humano, tanto individual como social, requiere, sin embargo, proyectos que le den sentido para superar las dificultades o para aprovechar las facilidades, y cada época tiene los suyos. Argentina sigue siendo un país adolescente -pero no inocente- en un tiempo lleno de recursos y posibilidades; pero con proyectos utópicos o nulos y sin hacer nada productivo, viviendo a costas de deudas. De hecho, hoy no sabe ni puede producir empleos y bienes, y distribuir lo necesario para evitar una degradante desnutrición infantil. Argentina -desde sus orígenes, tierra de la plata y del deseo de la misma- es un país con recursos que parecen paradójicamente no producir sino padecimientos en la mayoría de sus habitantes; padecimientos inútiles que no generaron mejores recursos o mejor distribución de los mismos.

País absurdo, un país donde nos creemos muy “avivados” o astutos, porque como adolescentes no trabajábamos productivamente; nos reíamos de los que ahorraban; gastábamos el dinero ajeno. Hoy nos enojamos con los que nos prestaron en los momentos de apuro y con altos intereses. El enojo se ha instalado también con los dirigentes hasta el punto que se llegó a desear que se vayan todos ellos. Por cierto, que éstos, después de “confiscar” los bienes de los ahorristas volvieron con cinismo a postularse en las repetidas elecciones, porque, después de todo la mayoría había entendido que el sistema democrático debía seguir y mejorarse.

Lamentablemente la imagen del docente se ha desacreditado, tanto por parte del Estado, pagando salarios indignos en una nación saqueada por el mismo Estado; como por parte de los padres de los alumnos, frecuentemente defendiendo al niño mimado y no temiendo desacreditar al docente: antes se recurría al docentes para consultar acerca de los avances o retrocesos de los hijos, a fin de exigirles más dedicación; ahora se consulta y ataca, a veces físicamente, al docente para defender a los hijos a toda costa, frente al docente que debe aplazarlo.

¿No tiene Argentina el aspecto social de un país incoherente: es un país absurdo, “cosa de locos”? Quizás el hombre posee una notable franja de irracionalidad y la vida sea en parte, como dice el tango, “una herida absurda”; pero la convivencia nos solicita intentar ordenarla, para evitar sufrimientos inútiles o mayores. Como la ciencia no hace racional la realidad sino sólo genera una interpretación racional de ella, así también y solamente así una teoría filosófica educativa es un intento de comprensión y, por lo tanto, de coherencia mental.

En la realidad, la educación implica un proceso de personalización y socialización, y sobre eso teorizamos. Cuando la sociedad a través de sus instituciones no se atiene, con justicia, a las normas o leyes, entonces aparece la corrupción y las formas mafiosas de vida; el individuo se vale de sus propias normas para su beneficio y acaecen el egoísmo, el caos y el vandalismo.

Toda sociedad tiene y necesita jerarquías de roles: deberemos reaprender a castigar a los que delinquen y premiar a los que se esfuerzan de acuerdo con las leyes y normas. No todo es igual: los ciudadanos pueden establecer premios y castigos. Las instituciones educativas no son solo un lugar de “contención” de los jóvenes; antes bien poseen la tarea de preparar a los futuros ciudadanos, posibilitando la internalización de valores, el ejercicio de la inteligencia y la voluntad, el desarrollo de la afectividad y sociabilidad sabiendo atenerse a las normas con responsabilidad.

En la vida, los aplazos están al asecho. Y el alumno se dará de nariz con las dificultades, que lo volverán impotente y resentido. En la actualidad, si un estudiante no reúne las condiciones para ascender al próximo peldaño, en lugar de entrenarlo y exigirle que lo consiga, se recurre al expediente fácil de cerrar los ojos y mandarlo al nivel donde estará peor todavía. Por eso, se llega al colegio secundario con tantas deficiencias y, por eso, se ingresa a la universidad con graves fallas.

El ex-ministro de educación de la República Argentina, Daniel Filmus, afirmaba que “ésta era la primera generación de jóvenes que va a estar peor que sus padres”, porque no obstante el dominio de la computación, no sabe leer correctamente, ni domina las operación mentales básicas. Y lo mismo demostraron las evaluaciones nacionales realizadas mediante los profesionales del Ministerio de Educación. Una alumna afirmaba algo semejante, que luego se manifestó en las evaluaciones de los cursos para ingreso a la universidad: “Vengo de una escuela en la que terminamos sin saber hacer un problema de regla de tres simple...También me cuesta dividir. Me cuesta muchísimo razonar. Y me da vergüenza el nivel que tengo aunque más vergüenza me da la escuela, ya que terminé como abanderada”.

Lamentablemente no está bien visto un docente que es exigente en lo que es esencial. Más bien se busca un docente “divertido”, que “contenga” a los alumnos, que aprueba a los alumnos sin haber alcanzado los contenidos, habilidades y actitudes mínimas para su nivel de escolaridad. Las otras crisis (económica, familiar, etc.) pueden ser causas, pero también efecto de la crisis escolar. Las instituciones educativas tienen su parte de responsabilidad y deben asumirla.

La filosofía de la educación trata sobre lo que sucede en educación y sobre lo que se desea, o se puede esperar, de ella. Se trata de una reflexión sobre la práctica, pero que supera la práctica. No se pretende construir una esencia de la educación, única e irreformable, como si algún iluminado tuviese ya elaborada una verdad definitiva. No obstante, es necesario definir qué vamos a entender por educación. Una definición no es necesariamente una verdad, pero sí una delimitación conceptual, expresada en un juicio, de modo que quien nos lee o escucha sabe de qué estamos hablando. Esto permitirá someterla a crítica.

Lo que sabemos sobre educación no tiene porqué ser más objetivo o subjetivo que otros saberes. El saber implica siempre sujetos y objetos sobre los que se piensa y se habla. Si nuestros pensamientos se apoyan más en los objetos, podremos generar, entonces, una concepción relativamente más objetiva que delimite o defina el objeto. Si, por el contrario, nuestra práctica social discursiva apoya más sus pensamientos en los sujetos, y en cuanto son afirmaciones o interpretaciones de tales o cuales sujetos, nuestro saber tendrá una mayor carga de subjetividad.

Nuestras interpretaciones, más o menos subjetivas u objetivas, dependen para su valor de verdad de lo que ellas mismas resistan a la crítica, a la confrontación con otros criterios o puntos de vista que intentan verificar o falsear las interpretaciones anteriores.

No debemos esperar que nuestras afirmaciones sean verdaderas o falsas siempre y en todas partes, porque la realidad misma de que realizamos, en el ámbito educativo, cambia. Es, por lo pronto, suficiente con que nuestras delimitaciones conceptuales sean útiles, al menos por la coherencia teórica que poseen, pero además por las aplicaciones que podríamos realizar con ellas.

No importa solamente el origen de nuestros conocimientos, si ellos proceden de la práctica o de la utopía; sino más aún, el valor de los mismos: la sencillez y universalidad de la interpretación que ofrecen, su coherencia, la orientación que de ellos se deduce para la interpretación de los sucesos, por la posibilidad de aplicaciones que ofrece. De las cosas eternas e inamovibles se puede esperar en una mente, también eterna e inamovible, una verdad eterna y fija. Los humanos debemos conformarnos con conocimientos que son verdaderos porque reflejan la realidad; y si ella es cambiante, nuestros conocimientos verdaderos deberán cambiar para que sigan siendo verdaderos.

Pensar en una verdadera política educativa, de cara a un futuro tan complejo y competitivo como el que hoy se nos presenta, implica conocer, de manera fehaciente, el lugar en dónde se está parado, como punto de partida de absoluta veracidad para emprender tamaña empresa. De otro modo, trabajando sólo con suposiciones, por mejores intenciones que se tenga, siempre se estará abonando sobre terreno infértil y se caerá, nuevamente, en el tan temido fracaso.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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