CAMBIO TECNOLÓGICO Y DOMINACION CULTURAL

El poder del "Cuarto Poder"

Las ciencias sociales viven importantes desafíos, nuevos y antiguos problemas toman cuerpo y necesitan un nuevo análisis desde el binomio praxis–teoría. Un mundo más complejo, con un desarrollo tecnológico y comunicacional nunca antes visto, donde nuevos actores se disputan la hegemonía mundial ponen a discusión los paradigmas clásicos de la disciplina.


La actual crisis estructural del capitalismo y su incierta salida remueve todos los presupuestos del sistema sentando las bases para un nuevo modelo del capital que aún está por vislumbrarse. Hoy más que nunca se necesita esa imaginación sociológica para entender las relaciones de los sujetos con las transformaciones a escala global.


El capitalismo posee la capacidad de mutación y a lo largo de la historia ha revolucionado las sociedades y sus economías. A pesar de ello, el mismo, no es homogéneo, con la tercera revolución tecnológica o industrial se profundizaron los procesos de transnacionalización y globalización de la economía mundial. Este proceso unido al derrumbe del campo socialista propició el fortalecimiento de nuevos centros capitalistas basados en la conformación de megabloques económicos y sus respectivas rivalidades intercapitalistas.


La presencia de los medios en la vida de las personas como instrumentos de reproducción cultural es innegable. En ese sentido, ellos jugaron y juegan un papel esencial en la formación del capitalismo y en su legitimación.


De esta manera, el control oligopólico de las nuevas tecnologías de la información constituye uno de los principales instrumentos para el dominio económico mundial y un factor de poder en el sistema de relaciones internacionales. A ello se incorpora la presencia de monopolios mediáticos como instrumentos de reproducción para la legitimación del capitalismo y su proyecto de dominación cultural.


En los últimos años se profundiza la convergencia de empresas, medios, tecnologías y lenguajes, siendo evidente el entrelazamiento de emporios comunicativos a escala global con un discurso hegemónico. Estas transnacionales se encuentran en manos de tres de las mayores potencias económicas: Estados Unidos, Europa y Japón, siendo la lógica del mercado quien impone sus valores y sus condicionamientos sobre los modos de producción y de distribución.


La comunicación política generada incide en el sistema de creencias, normas y valores de la opinión pública llegando a reproducir o generar formas políticas aceptadas dentro de una sociedad determinada. Se construye, bajo los presupuestos de dicho sistema, un monopolio de la información que permite un uso arbitrario de los medios dando lugar a la manipulación de los mensajes, de acuerdo con intereses sectoriales.


Es evidente que el orden político y económico está intrínsecamente relacionado con el sistema mediático y con el desarrollo de las tecnologías digitales para los procesos de poder y control social. En este sentido, resaltan dos características fundamentales:


a) La inserción de los medios de comunicación en el sistema mundo se articula a través de tres elementos esenciales: el desarrollo tecnológico, el modelo de mercado y el sector de la industria cultural. En primer lugar, con el cambio tecnológico, el número de puntos de venta y de productos generados por los medios -tales como programas de televisión y radio, periódicos y revistas, Internet, libros, música, películas, juegos electrónicos, software, etc.- está creciendo a una velocidad desorbitada. De igual modo, los corporativos de los medios diversifican el tipo de productos que generan, dando como resultado una industria de multimedia más integrada.


b) Los medios se caracterizan por insertarse en la lógica de mercado con su ley de oferta y demanda. Es apreciable como las nuevas empresas de medios se unen a otra empresa u otro conglomerado, produciéndose una poderosa industria cultural que genera una homogenización -o globalización- de las culturas, cada vez reconociendo menos lo local y enfocando lo global como tema central del interés público.


El tema de la reproducción cultural toma importancia a partir de la necesidad del capital de mostrarse como la única alternativa posible. Si el neoliberalismo se ha convertido en el modelo económico referente a escala global a seguir, entonces se necesitan  instrumentos ideológicos de manipulación social que logren legitimarlo. El control de las mentes es necesario y el papel de la persuasión clandestina y la propaganda secreta es esencial para imponer el modelo cultural dominante.


Una función medular de los medios es la emisión de símbolos que refuercen los sentimientos de pertenencia a una comunidad. Ello permite, el control ideológico como mecanismo de dominación con la creación de hitos comunes que supuestamente se forman de un pasado compartido. Este recurso de lograr internalizar una identidad colectiva es utilizado por los grupos de poder, para implementar sus políticas.


A lo largo de la historia diversas formas de organización estatal han ejercido su control mediante las instituciones religiosas, educativas y mediáticas. En la actualidad, los medios, asumen un doble poder: el poder político-cultural y el poder económico. Este doble poder no lo tienen como medios en sí, sino como empresas de comunicación que en algunos casos, son grupos corporativos con gran capital político y financiero, que se convierten en grupos de presión para la sociedad, el gobierno, las universidades públicas y los partidos políticos.


Cualquier medio de comunicación, indistintamente que se auto-categorice como masivo o privado, no escapa de la influencia ejercida por intereses provenientes de un sector económicamente hegemónico.


Los medios masivos difunden y tal vez informan, pero no comunican. No admiten una relación de equidad con la sociedad, sino una relación de influencia-dependencia con los grupos de poder. Esa relación de dependencia-influencia está mediada por el poder de los propios medios masivos, lo que ha valido la expresión de “cuarto poder” atribuida a Edmund Burke, hace más de dos siglos.


En la actualidad, la lógica del mercado impone sus valores y sus condicionamientos sobre los modos de producción y de distribución, lo que acarrea consecuencias mayores sobre los contenidos y la naturaleza misma de la información. Debido a ello, aparecen nuevos desafíos mucho más complejos relacionados con la concentración de medios de comunicación, la uniformización y la pobreza de los contenidos, el desequilibrio de los flujos de información y la falta de diversidad cultural, el papel regulador de los Estados en los planes nacionales e internacionales, y la necesaria redefinición de un servicio público en términos de información.


El capital hace suya la premisa de que la cultura de masas es un producto industrial y de consumo. Los medios operan en disímiles espacios sociales dejando en la mente de los individuos un depósito de conocimientos que son usados en la comprensión del mundo. Toda esta información es leída de manera irracional y desorganizada y no permite tener una visión real y crítica de la realidad.


Es lo que se ha llamado “guerra cultural” dirigida a mantener el orden capitalista, por todos los medios comunicativos, lo cual impide la formación de un pensamiento e identidad opuestos a la dominación neoliberal. El manejo de la información es el factor básico de control de los pueblos en el mundo, es uno de los más avanzados elementos de la contrainsurgencia trazada en las oficinas de inteligencia de Estados Unidos, como un modelo de “guerra psicológica”.


A pesar de este contexto adverso, para los pueblos del Sur, también se abre una posibilidad de contrapoder a través de los medios de comunicación. Si es cierto que estos se articulan con las dinámicas del capital, la paradoja es que se encuentran también en las manos de los sujetos capaces de tener una mirada crítica a su realidad. Es cierto que para ello se necesita elevar el nivel cultural y político de los sujetos enajenados.


Las redes sociales, en los últimos años, como un nuevo sistema de comunicación, revolucionan la política y el concepto de identidad a escala mundial. Su fácil acceso y manejo las convierten en un instrumento cuyo potencial para la movilización social anti-sistémica es imprescindible, pero también son utilizadas para la reproducción de los mecanismos de dominación.


Todo lo antes descrito nos pone frente a una realidad peligrosa para los países que intentan construir un modelo diferente basado en la justicia humana. La dominación cultural que se ejerce y el sistema tecnológico articulado con las transnacionales de la comunicación obligan a profundizar las características y tendencias de la nueva estructura capitalista que está conformándose.


El sistema de relaciones internacionales no queda al margen del poder de los medios y abren una nueva dinámica para su estudio y práctica. Los organismos internacionales, las empresas, las ONG’s, las redes científicas, están cada vez más imbricados en un sistema económico, político y cultural global.


De esta forma, según intereses económicos, políticos y sociales, los multimedios son utilizados para la consecución de objetivos que trascienden la comunicación objetiva. Lo importante no es el número de canales de televisión sino la diversidad de fuentes y de propietarios. El poder real se encuentra ahora entre las manos de estos conglomerados que tienen más poder económico que la mayoría de los gobiernos. Así, el derecho a la información aparece limitado y en entredicho. Y aunque la libertad de palabra se encuentre garantizada, el derecho a estar bien informado es hoy más un anhelo que una realidad.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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