Macri : "El año que viene nos empernamos a todos"

POLÍTICA 09/10/2016
El Gobierno impulsa a Randazzo para restarle chances a Massa. Las encuestas, el reto a los ministros y las sospechas por Durán Barba. El verano llega con una preocupación muy especia

"A veces ustedes parecen mi círculo rojo". Mauricio Macri estaba desencajado. El ministro que ahora recuerda la reunión, de hace ya más de un mes, dice que lo de él no fue tan grave. Que hubo otros colegas del gabinete a los que el reto presidencial les cayó con mucha más furia. Al ministro de Turismo, Gustavo Santos, lo reprendieron por la cantidad de turistas que ingresan al país. A Sergio Bergman, de Medio Ambiente, por la lentitud para armar su equipo. A Juan José Aranguren, por los desbarajustes con las tarifas. En el caso de Alfonso Prat Gay, por algunas declaraciones públicas fuera de lugar. Hasta el jefe de Gabinete, Marcos Peña, ligó: Macri lo chicaneó por la insistencia de su "teoría de los 15 puntos" en alusión al porcentaje que el jefe de Estado cedió en su imagen desde que asumió producto del duro ajuste en la economía.

Hace rato que a Macri lo fastidian la sucesión de improvisaciones y desbarajustes de su gabinete, casi tanto como el "círculo rojo", como llama a los dirigentes que integran el sistema político, mediático, judicial y empresario. El Presidente está tan pendiente de las internas de sus funcionarios como de los pormenores de las negociaciones políticas de cara a las elecciones del próximo año, en especial en la provincia de Buenos Aires, donde la coalición de gobierno necesita revalidar sí o sí el triunfo del 2015.

En los últimos días, la Casa Rosada mandó a medir el escenario bonaerense con tres fórmulas posibles. Sergio Massa y Margarita Stolbizer; Elisa Carrió y Esteban Bullrich, y Cristina Kirchner y Daniel Scioli. El primer binomio aventaja por seis puntos a la lista oficialista, y el de Cambiemos por dos a la ex presidente y al ex gobernador bonaerense. Aunque previsible, el sondeo arrojó una de las razones, la principal, por la que tanto Macri como Peña y sus operadores políticos trabajan desde hace semanas en el objetivo de horadar al máximo la figura de Massa y de dispersar al peronismo. En ese camino, el Gobierno se topó con Florencio Randazzo. Macri necesita tanto de él como de que Cristina Kirchner no vaya presa.

"O juego el año que viene o desaparezco", le juró el ex ministro del Interior hace poco a un asesor de confianza. Randazzo alquiló oficinas a metros de la Casa Rosada, en el coqueto Palacio Raggio, que usa dos o tres veces por semana y en las que recibe a dirigentes de todos los sectores. Comparte edificio con algunos sindicalistas de renombre.

El trabajo de la Casa Rosada apunta a dos escenarios en la provincia de Buenos Aires: el primero con al menos tres opciones peronistas -incluido el Frente Renovador entre ellas-, u otro con dos listas del peronismo pero con Stolbizer separada de Massa. Es la segunda tarea en la que trabajan en la coalición de gobierno, en la de vaciar al ex intendente de Tigre y birlarle a la líder del GEN, si es que el vínculo entre la denunciante de Cristina Kirchner y el diputado se mantiene sólido. Al Gobierno tampoco le agrada una fórmula de Stolbizer con, por ejemplo, Malena Galmarini, si es que el ex jefe de Gabinete decide declinar su candidatura.

Hace unas semanas, Rogelio Frigerio -uno de los que chatea con frecuencia con Massa- habló por teléfono durante un largo rato con Randazzo. Es uno de los que trata de incitar su candidatura. Por las dudas, el ministro almorzó por esos mismos días en Puerto Madero con Julián Domínguez, ex precandidato a gobernador bonaerense. "Si es por nosotros, ¡que jueguen todos!", explican en Casa Rosada. La necesidad de socavar la figura del ex intendente de Tigre y de sumar una tercera opción del PJ no kirchnerista mantienen activo no solo a Frigerio, sino a los funcionarios más políticos de María Eugenia Vidal, como su mano derecha, Federico Salvai, el intendente Jorge Macri o Manuel Mosca, vicepresidente de la Legislatura provincial.

¿Juega? La figura de Randazzo se tornó clave para las elecciones de 2017
¿Juega? La figura de Randazzo se tornó clave para las elecciones de 2017

"Hay que inflarlo, aunque sea un riesgo", explica un operador bonaerense. El dilema por estos días en la provincia de Buenos Aires pasa por la conveniencia o no de desarmar el acuerdo económico y político con el Frente Renovador en la Legislatura provincial y pactar con Randazzo, que entre diputados propios más poco más de una docena que reportan al Movimiento Evita, al grupo de intendentes denominados "Esmeralda" o a Domínguez suman casi una veintena, el mismo paquete que Massa le garantizó durante este año a Vidal y que le sirvió para financiarse. Una de las quejas más reiteradas en la Casa Rosada.

Vidal y Macri tienen un argumento favorable para desandar el pacto con Massa: el 2017, la Legislatura provincial estará virtualmente paralizada por el calendario electoral. Este año fue el medular para la aprobación de leyes cruciales como la aprobación del Presupuesto o las emergencias administrativas y de servicios públicos, y el veto de otras tantas. Ante esa opción, Massa podrá decir que se sintió usado. Solo resta el debate por el Presupuesto del año entrante, que ahora el líder del Frente Renovador querrá estirar hasta mediados de diciembre, para negociar en medio del cambio de las autoridades parlamentarias.

El acuerdo vigente establecía que Jorge Sarghini, actual presidente de la Cámara baja provincial, hacía un enroque con Mosca para el 2017. El macrismo en su versión bonaerense trabaja para que Marcelo Feliú, de Bahía Blanca, o Andrés Quinteros, de San Nicolás, ocupen eventualmente la vicepresidencia de Diputados. Feliú y Quinteros reportan hoy a Randazzo.

La irrupción del ex ministro del Interior en el mapa bonaerense también obedece a la necesidad de una decena de intendentes del PJ que no se sienten representados ni por Cristina o Scioli, ni por Massa. Es, en particular, el grupo "Esmeralda", encabezado por Juan Zabaleta, Martín Insaurralde y Gabriel Katopodis, entre otros. El ministro Salvai le imploró a uno de ellos que hiciera lo imposible para sumar una tercera opción electoral. "Cualquiera menos Massa", le pidió. Randazzo, espera. Con uno de esos intendentes el ex ministro también se regocijó por teléfono unas horas después del homenaje a Antonio Cafiero en el hotel NH del centro porteño, a principios del mes pasado, tras el desplante de los anfitriones a Scioli, que no fue invitado a subir al escenario.

En cualquier escenario, Macri ni siquiera analiza una posible derrota. Al contrario. "El año que viene nos empernamos a todos", concluyó en una de las últimas reuniones quincenales de no más de veinte minutos en las que revisa encuestas con un puñado de colaboradores, junto al jefe de Gabinete. Y eso que, en privado, el Presidente aún está lejos de mostrar satisfacción por su gabinete. Todavía no logra satisfacer, entre otras, una de sus promesas de campaña: la de contar con "el mejor equipo de los últimos 50 años".

Al contrario. Está harto de la sucesión de internas, de los rumores y de las pujas de poder. Abundan los ejemplos. Daniel Angelici, presidente de Boca Juniors -de licencia- y operador judicial encubierto, está furioso con la influencia del periodista Fernando Niembro en la Comisión Normalizadora de la AFA, que encabeza Armando Pérez en los papeles. A Angelici le preocupa mucho más Niembro que Carrió.

Niembro gana poder en la AFA y a Angelici mucho no le gusta
Niembro gana poder en la AFA y a Angelici mucho no le gusta

La tensión entre Horacio Rodríguez Larreta y Diego Santilli, que podría desembocar en la candidatura del vicejefe de Gobierno porteño el año que viene, también se palpa en el seno del Gobierno. O la separación de Emilio Monzó, uno de los principales operadores políticos de la Casa Rosada, de la estrategia electoral de la provincia de Buenos Aires. Monzó y Fernando de Andreis, secretario General de la Presidencia, no se trompearon hace algunas semanas en la Quinta de Olivos porque no era el ámbito. Pero los gritos se escucharon hasta en los salones contiguos. En uno de ellos estaba Macri. Esta semana hubo una mojada de oreja. De Andreis se mostró junto a Peña en una reunión con un grupo de intendentes bonaerenses del PJ, los del grupo "Fénix", encabezados por Verónica Magario. Un encuentro que, en otros tiempos, debería haber encabezado el presidente de la Cámara baja. Devolución de gentilezas: una versión intencional da cuenta de que Monzó habría acercado posiciones con Massa, con quien no tenía una buena relación.

Hasta el ecuatoriano Jaime Durán Barba cayó en la picadora de las internas del poder. En la cúpula del Gobierno hay sospechas de maniobras poco claras. Peña lo quiere lejos: ya había puesto el ojo en la elección del año pasado en Santa Fe, en la que el consultor puso especial hincapié. Hay ministros -el ecuatoriano trabaja para al menos media docena de ellos- empiezan a quejarse por la calidad de sus servicios.

Durán Barba trabó desde hace años una estrecha relación con Nicolás Caputo, el más íntimo de los amigos de Macri, algo relegado de las decisiones de la Casa Rosada. Caputo observa con desconfianza el trabajo del jefe de Gabinete. A propósito, el Gobierno empezó a pensar con más énfasis en quién o quiénes serán los encargados de recaudar para la campaña del próximo año.

En los despachos más importantes también hay lugar para internas infantiles. Un secretario de Estado presenció un cruce insólito entre Aranguren y Bergman por ver quién encabezaba una gacetilla de prensa.

Hay de todo en los pasillos de la Casa Rosada y frente a la elección de medio término, crucial para la suerte del primer mandato de Macri. Aunque una de sus mayores preocupaciones no es por la política. Es por cuestiones sanitarias: en el Gobierno están aterrados ante la inminencia del verano, los cortes de luz y los mosquitos.

Fuente: Infobae

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