Un Gobierno que no combate la corrupción es corrupto

Todas las sociedades tienen corrupción y, por ende, seres humanos corruptos. La diferencia, en parte, radica en cuán tolerada es la corrupción en esa sociedad”.

La corrupción es una práctica persistente en las sociedades de todos los tiempos, generalmente relacionada con el sector oficial de las economías nacionales. Se suele configurar cuando un funcionario o empleado público utiliza directa o indirectamente los recursos disponibles por efecto de su cargo oficial en beneficio de sí mismo, de un tercero o de ambos a la vez.

La corrupción tiene varias formas de presentación. Las conductas consideradas como corruptas pueden ir desde la apropiación directa de bienes materiales por parte del empleado o funcionario público para su uso personal, hasta la alteración de las funciones normales del cargo público con el fin de lograr beneficios para un tercero, lo que también supondrá, siempre, un beneficio propio al margen de lo legal. Así, los actores y las formas de llevar a cabo las prácticas corruptas pueden ser muy diversas. La corrupción implica la presencia de un dilema que se resuelve en contra de la sociedad y a favor de la ganancia personal. El poco valor por el bienestar de la sociedad implícito en las prácticas corruptas, insinúa pensarlas como un problema de carácter moral.

Un problema de carácter moral implica la existencia de un juicio moral y una conducta moral. Un juicio moral es una construcción psicológica que señala el proceso por el cual un posible curso de acción puede ser moralmente correcto o equivocado para una situación particular. La psicología describe cómo las personas hacen los juicios morales a partir de una progresión de estadios, que se desarrollan en la vida de un sujeto. Cada estadio corresponde a un tipo particular de desarrollo y con una estructura particular de juicio moral. Por otra parte, la conducta moral es la acción que se lleva a cabo ante una situación de carácter moral. Cabe aclarar que el juicio moral no, necesariamente, tiene que coincidir con la conducta moral.

La psicología se ha preocupado por lo moral desde una perspectiva descriptiva. La preocupación de los psicólogos por lo moral se centra en cómo y qué tipo de moralidad se da en un individuo. En otras palabras, la investigación de lo moral en la psicología se ha desarrollado alrededor de la evaluación y determinación del estado de la moral en individuos particulares. Los psicólogos enfatizan en el ser moral, antes que en la moralidad ideal o esperada. Tradicionalmente la psicología ha trabajado lo moral desde tres unidades de estudio: la cognición, el afecto y la conducta. Acorde con esta división de la moralidad, los psicólogos congnitivo – evolutivos, liderados por Kolhberg estudian el pensamiento; los psicoanalistas se centran en el afecto y los conductistas o investigadores del aprendizaje social estudian la conducta. Derivadas de estas tres distinciones, surgen varias subdivisiones que recalcan algún aspecto particular de lo social. Habermas, por ejemplo, hace énfasis en el sentido de identidad y coherencia del yo como determinante del desarrollo moral. Kolhberg relaciona la moralidad con estructuras cognitivas. El enfoque de la teoría psicosocial de la conducta moral insiste en que ésta no es únicamente producto del razonamiento moral, sino también de la conjunción con otros componente psicosociales, tales como los factores de personalidad, las reacciones afectivas y factores ambientales que operan entre sí, determinando su influencia bidireccionalmente.

Las prácticas corruptas son conductas punibles tipificadas en los códigos penales, por lo cual, se llevan a cabo en la clandestinidad. Este anonimato responde a la necesidad de mantener encubierta una conducta que va en contra del bienestar social. Al llevar a cabo la práctica corrupta, el sujeto escoge implícitamente uno de dos tipos de valores posibles. Por una parte, se encuentra el valor de recibir de manera inmediata y directa un beneficio para sí mismo. Por otra, se encuentra el valor de destinar o manejar los recursos públicos hacía su finalidad inicial, generando un bienestar para la comunidad. La corrupción es el nombre genérico que se les da a las acciones que van acordes con el primer tipo de valor. El valor del beneficio individual inmediato es moralmente menos valioso que el segundo. Las situaciones en las cuales se presenta un conflicto entre dos valores, uno moralmente más valioso que el otro, son situaciones morales. Se considera que hay un problema de carácter moral cuando en una situación de carácter ideal o real existen dos valores en conflicto. Uno de los valores en esta situación es moralmente más valioso. El otro es menos valioso moralmente pero representa una ventaja o un beneficio individual a corto plazo. En el caso de la corrupción desde la función pública, el sujeto debe hacer una elección entre la distribución adecuada de los bienes del Estado, y por tanto de la sociedad, y la búsqueda de su beneficio personal o la maximización de su utilidad a corto plazo. Por un lado hay una moralidad de principios, y por el otro una moralidad estratégica. Por lo tanto, la corrupción puede y debe ser considerada como una situación de carácter moral.

Los instrumentos para medir el desarrollo moral se basan en el principio de elección entre dos valores. Este principio consiste en presentar dilemas morales. Los dilemas morales son historias que narran situaciones en las cuales los protagonistas deben escoger entre dos acciones moralmente relevantes. Veamos ahora un ejemplo práctico:

Luís López es un joven y exitoso ingeniero. Hace algún tiempo se ha especializado en la construcción de pequeños acueductos, especialmente en las zonas más marginales del país, por las que muestra especial interés, pues siente que su trabajo sólo lo satisface cuando ayuda a los más necesitados. Hace un tiempo se presentó a una licitación para construir el acueducto de un pequeño poblado. Sabe que la realización del proyecto es urgente pues los habitantes de la región están padeciendo graves enfermedades por la falta de agua potable. Así que es muy optimista, ya que su proyecto tiene grandes posibilidades de ganar la licitación.

El optimismo del ingeniero López estaba en lo cierto. Efctivamente la licitación le fue adjudicada.

Poco tiempo después, Luís López estaba haciendo todos los preparativos concernientes al contrato. Tuvo que aumentar el personal de su empresa. Estaba feliz. Esta era su gran oportunidad para crecer como empresario. Tenia que trasladar equipos y personal. Quería emplear a mucha gente de la región, así que decidió que alquilaría una casa para vivir allí el tiempo que durara la construcción del acueducto. Se alejaría por un tiempo de su familia y de ciertas comodidades, pero valía la pena. Estaba seguro que al final todos ganarían. Especialmente los habitantes más necesitados de la zona.

Antes del comienzo de las obras llegó una citación del Consejo Municipal del poblado. Había unos “detalles” que los miembros quería acordar con el ingeniero. Así que a la semana siguiente hubo una reunión privada entre éste y aquellos en los siguientes términos: “Luís, hablemos con confianza ya que estamos entre amigos. Usted sabe que nosotros recibimos muchas ofertas de los licitantes en las adjudicaciones. Sin embargo, nos interesa su proyecto porque es el más beneficioso para la comunidad y, además, se nota que usted es un gran tipo. Esto es un contrato muy grande, así que todos podemos salir ganando. Podemos asegurárselo completamente, pero sólo si trabajamos en conjunto. 70% para usted y el resto para nosotros. ¿Qué dice?

¿Debería el ingeniero aceptar la propuesta?

Queda el interrogante planteado para que cada uno se lo conteste, teniendo en cuenta las diversas alternativas que se le presentan.

El neurólogo y neurocientífico Facundo Manes aseguró, recientemente, en un artículo publicado en el diario “El País” de España: “Entre los seres humanos, la corrupción no es exclusiva del poder político ni de los empresarios prebendarios, sino también de la sociedad que, a su medida, la ejerce o, al menos, tolera. No hay seres humanos corruptos sin una sociedad corrupta.....Todas las sociedades tienen corrupción y, por ende, seres humanos corruptos. La diferencia, en parte, radica en cuán tolerada es la corrupción en esa sociedad”.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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