"EL PRINCIPE"

Breve resumen del tratado de política de Nicolás Maquiavelo.

El Príncipe” es el manual del gobernante renacentista, secular, profesional, nacionalista y expansionista.
Breviario del arte de conservar el Gobierno, desiste de todo intento de buscar una justificación teológico-racional del poder: el poder se justifica a sí mismo y es árbitro absoluto de todo lo que, pretendidamente eran sus reglas, incluida la moral. Tres son los factores que juegan en todo el proceso de adquisición, conservación y pérdida de sus principados: fortuna, virtud y talento / mérito.


Escrito con gran elegancia y en un estilo claro y sencillo, muestra, asimismo, una gran erudición histórica y un intelecto poderosos en la capacidad de extraer conclusiones y de razonar. Probablemente quepa mantener la tesis de que Maquiavelo era republicano, seguramente, también, demócrata y partidario de un gobierno justo y no despótico, sin necesidad de hacer muchas filigranas para ello: “ Es mejor que el príncipe sea justo, o en todo caso, que lo aparente”. Gran lucidez en todo lo relativo a las consecuencias políticas de la actuación moral. Notable el nacionalismo Maquiavélico.


En ellas sostiene que las normas de la política practica se apartan se apartan de las establecidas para
la ética por lo que los actos y resoluciones del gobernante deben inspirarse en motivos de orden político, sin consideración a los conceptos del bien y del mal.


En esta obra la política aparece por primera vez tratada como ciencia en ella se analiza los medios y procedimientos por los cuales un hombre ambicioso pudo llegar al poder supremo de un país. Maquiavelo estudia al gobierno de los principados desde su punto de vista, como una ciencia.


Asi, Maquiavelo hablaba de las distintas clases de principados, de la dificultad de gobernar unos y de la facilidad de gobernar otros.


También se habla de ejemplos en los que se representan los diferentes casos de adquisición de reinados. Sin embargo Maquiavelo aisló el problema político y solo se concentro en este y perdió de vista muchos aspectos que están ligados a la constitución y administración del estado mismo.


En resumen, “El Príncipe” de Maquiavelo tuvo y tiene un gran interés político. Su autor ha sido definido en muchas ocasiones como un personaje de enrevesadas ideas, siendo, por ello mismo, muy conocida la popular expresión “tener ideas maquiavélicas”.


Sus reflexiones han sido objeto de muchas críticas. Para él la moral y la ética se dejan en un segundo plano cuando se trata del mantenimiento del gobernante en el poder. Así justifica determinados comportamientos y cualidades que debe tener el príncipe para mantenerse en el poder. Estas condiciones y aptitudes se resumen en su capacidad de aprovechar situaciones y manipular deseos y voluntades de tal modo que sean consideradas como medios y no como fines, cualidades que a nosotros nos parecen amorales. Según él un príncipe puede ser cruel “…debe por tanto un príncipe no preocuparse de la fama de cruel si a cambio mantiene a sus súbditos unidos y leales porque con poquísimos castigos ejemplares será más clemente que aquellos otros que por excesiva clemencia permiten que los desórdenes continúen”; puede ser hipócrita “… es necesario saber colorear bien esa naturaleza y ser un gran simulador y disimulador” y sobre todo, y lo más importante, se le permite el uso de la violencia como instrumento de cohesión social, si bien se asegura en la obra que no es bueno su uso continuado.


Otro aspecto importante de su obra es el profundo desprecio hacia la concepción humana, motivadas por una situación política controvertida y por una visión personal del mundo y de los hombres totalmente pesimista. Así se observa en muchas de sus frases: según él el hombre no es bueno “…porque un hombre que quiera hacer en todos los puntos profesión de bueno, labrará necesariamente su ruina entre tantos que no lo son”. También describe las cualidades de los hombres “…se pude decir de los hombres lo siguiente: son ingratos, volubles, simulan lo que no son y disimulan lo que son, huyen del peligro, están ávidos de ganancia; y mientras les haces los favores son todos tuyos, te ofrecen la sangre, los bienes, la vida, los hijos cuando la necesidad está lejos; pero cuando se te vuelve encima vuelven la cara…”.


A pesar de estas reflexiones que hace Maquiavelo, “El Príncipe” no debe ser objeto de una critica despiadada, pues detrás de ese pesimismo y frialdad moral se encuentra un profundo análisis políticos que en algunos momento parecen referirse a nuestro tiempo con una total vigencia, lo que convierte a Maquiavelo , más que en un pensador “moderno”, en un politólogo contemporáneo.


Lo que si que esta claro es que un buen político tiene que hacer prevalecer los intereses de quien representa sobre los suyos propios, y que por esto es, en parte, “prisionero” de sus actos. De todas formas no tienen derecho a quejarse, porque son ellos los que han elegido seguir ese camino. Esto es lo que no parecen haber entendido la gran cantidad de hombres que han querido imponer sus ideas a costa de los intereses de los que supuestamente deben apoyar y defender.


En conclusión Maquiavelo describe las mentiras, los métodos inmorales, las tácticas de cómo ganarse a su pueblo, proponiendo las condiciones que habían de caracterizar a un príncipe, entendida esta figura como la cabeza o jefe del Estado.


El hombre, desde el principio de los tiempos, se ha relacionado a partir del poder o la aspiración a éste. Pero conseguir manipular y gobernar a una persona o a un estado no es sencillo. Se necesita ser un buen estratega, cínico y hábil, manipulador de las masas, hipócrita en las acciones, fuerte y justo en los movimientos. Mantener el poder requiere un gran esfuerzo y una gran destreza que no todos los hombres poseen. Maquiavelo, cuando escribió El Príncipe era consciente de esta realidad. Por eso, dedicó su obra póstuma a los políticos de su tiempo.


Las ideas de Maquiavelo marcaron el inicio de la política como la conocemos hoy en día. Todo gobernante actual que no siga sus consejos no podrá mantener su poder durante un largo periodo de tiempo.


Lo que impulsa a los adversarios a venir hacia ti por propia decisión es la perspectiva de ganar. Lo que desanima a los adversarios de ir hacia ti es la probabilidad de sufrir daños” – El Arte de la Guerra (Sun Tzu).


A los hombres se los ha de gobernar con mano de acero dentro de guante de terciopelo” – Napoleón Bonaparte.


La obra de Nicolás Maquiavelo representa una interesante perspectiva para comprender la evolución social y política del mundo moderno surgida en el Renacimiento.


Desde el año 1513, fecha de su publicación hasta hoy, el impacto de ese tratado de política, “El Príncipe” ha suscitado las más complejas y atrevidas interpretaciones en los estudios sobre el fenómeno del poder y en los gobernantes mismos.


Maquiavelo no era un mal hombre, ni un asesino, ni un intrigante de sangre fría. Por lo contrario, era un ardiente partidario de las instituciones republicanas, que percibía más claramente que el resto de sus compatriotas que ningún Estado podría prosperar donde la moral había fallado, como había ocurrido en Italia.


Fue el implacable realismo de Maquiavelo lo que permitió diagnosticar precozmente el sentido del naciente orden europeo, establecer los fines ideológicos que convenían a la comunidad de la que formaba parte y señalar los medios eficaces para lograrlos a partir de las situaciones reales que predominaban en la Italia de su tiempo.


Esta obra de tipo filosófica y política representa una interesante disertación y realidad que ayuda a comprender la evolución social y política del mundo del renacimiento.


El Príncipe” deja complejas y atrevidas interpretaciones acerca del poder y los gobernantes. El realismo de Nicolás Maquiavelo fue implacable, demostrando un sentido de orden, fines políticos e ideológicos que pueden ser convenientes para la comunidad señalando métodos sagaces, inteligentes, astutos, lógicos y eficaces para lograrlos a partir de situaciones reales que predominaban en aquel tiempo.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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