Agroecología en Entre Ríos

CIUDADANOS 05/10/2016
Amalia Gracia, socióloga e investigadora del CONICET, vivió en México y volvió al Centro de Investigaciones y Transferencia Entre Ríos, en su Paraná natal, donde cruza su conocimiento con el de pescadores, apicultores y ladrilleros.

En el Centro de Investigaciones y Transferencia Entre Ríos, la investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Amalia Gracia, coordina una línea de investigación que trata la estratificación social y su vínculo con el sector socio productivo y la conformación de actores sociales, políticos y económicos. Es una gran línea de trabajo que pretende incorporar a otros colegas, en la que también participan becarios doctorales.
 
Se interesa por los grupos que promueven la agroecología, materia poco desarrollada en Entre Ríos, más evolucionada en la provincia de Santa Fe. “Allí trabajo con la experiencia de agricultura urbana. En Paraná he buscado grupos que estén vinculados a lo agroecológico. Hay pocos y hay algunas experiencias incipientes donde la labor será ir impulsando y conectando casos, por ejemplo de Santa Fe que puedan replicarse en Entre Ríos porque hay un campo fértil para trabajar. También estoy trabajando con pescadores, con el sector ladrillero, con apicultores que tienen una vocación por una producción agroecológica combinando la apicultura con otras actividades productivas”.
 
La agroecología como herramienta de transformación
La agroecología es una práctica histórica de las comunidades campesinas de toda América Latina que busca evitar el uso de agroquímicos y recuperar formas tradicionales de producción y la soberanía alimentaria que es poder decidir qué vamos a producir y comer, y generar formas más equitativas de producir, de intercambiar y consumir. “Lo importante es un trabajo con el suelo, es decir que pueda tener la nutrición a partir de productos orgánicos y también buscar elementos para ahuyentar las plagas –que no tengan químicos-. También es importante la observación, el trabajo que pueda tener el agricultor, el pequeño productor, de observar ciclos. Es una ciencia interdisciplinaria -sociología, etnobotánica, ecología, agronomía- que rescata el saber y el conocimiento de los pueblos indígenas, de sus formas tradicionales de producir y le agrega el conocimiento científico”, explica Gracia.
 
La conexión inicial con productores agroecológicos viene de Rosario, del programa “Agricultura urbana” donde llevan diez años en la producción de hortalizas de forma familiar y se conecta con la economía solidaria en el sentido de que se vende en ferias en distintos lugares de la ciudad.
 
A partir de ahí detectaron experiencias en Estación Sosa, localidad de Paraná y un foco de horticultores de Concordia que están buscando la transición para no usar químicos. “Eso implica un proceso, no es inmediato, es un aprendizaje. Trabajamos en la mesa local de economía solidaria y el gran desafío es que estos productores se agrupen, creen ferias y se autogestionen”, explica Gracia. El papel del grupo de investigación es identificar porque los casos pueden ser potenciales. Otro desafío es el rol de apoyar al fortalecimiento de la creación de la organización.
 
La investigadora explica que el objetivo no solo es el de generar conocimiento sino el de transferirlo para fortalecer la organización. “El reto es mostrar que son experiencias que a la gente le sirve para desarrollar su producción, para comer sano, para intercambiar con otros y a partir de ahí es como las experiencias se pueden replicar”.
 
Trabajo en equipo
Gracia hace hincapié en que el trabajo de formar a los becarios recién incorporados. “Se unen a nuestras líneas de investigación y vamos con ellos a hacer trabajos de campo”. Además, en la Universidad Nacional de Entre Ríos –contraparte del CIT Entre Ríos creado en 2012- crearon un seminario interno de investigación donde buscan que los estudiantes tengan elementos muy concretos de técnicas de investigación y así puedan poner en juego esas técnicas en el trabajo de campo. “Nos relacionamos con actores sociales, instituciones. Eso implica un trabajo de colaboración. O sea que la transferencia inicia en el propio proceso de colaboración”.
 
Además, subraya la importancia de trabajar en equipo: “Es lo que nos permite afrontar los desafíos. La lógica de la academia como otros mundos sociales es un mundo muy competitivo donde se fomenta el individualismo y tratar de liderar desde ese lugar. Poder hacer trabajo colectivo es una necesidad que tiene que ver con poder afrontar las exigencias que tenemos en términos de generar productos. Es muy importante y como tal trato de transmitirles eso a mis becarios”.
 
Con miras a futuro, el desafío según la investigadora es lograr otras economías que sean sustentables en lo ambiental también lo sean en lo económico y en lo social. “Que la gente pueda vivir de eso. En principio formar productores que tengan ganas de aprender estas nuevas formas de producir”. Y reflexiona: “Es importante poder articular no solamente la parte de la producción sino también la del intercambio, o sea, poder generar redes de intercambio es también otro de los desafíos, y poder articular estas formas con la vida urbana. La agricultura agroecológica tiene mucho potencial en la ciudad, no solamente en el campo”.
 
Perfil
Amalia Gracia estudió licenciatura en Ciencia Política en la Universidad Nacional de Rosario en 1989, hizo una maestría en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) de México y volvió a Argentina en septiembre de 2001. Desde ese momento participó de distintos colectivos, observó procesos que tenían que ver con la organización social y cómo la economía se fue reconstruyendo desde abajo. “Eso me lo llevé a México como interés, preocupación y motivación. Mi tema de tesis fueron las fábricas recuperadas por los trabajadores en Argentina. Trabajé sobre 36 casos ubicados en Ciudad y provincia de Buenos Aires”, explica la doctora Gracia que terminó el doctorado en 2008 y en ese momento ganó varios concursos en distintos países. Luego decidió quedarse en México donde se naturalizó y trabajó en distintos centros de investigación del país, tanto en la Frontera Norte como en la Frontera Sur.
 
En México conoció a Jorge, un economista colombiano que es su pareja hace más de diez años. “Nos conocimos en la FLACSO cuando estaba haciendo la maestría y él estaba trabajando como investigador”. Después se volvieron a encontrar en 2006 y desde ahí trabajan juntos. “Estamos en los mismos grupos académicos, hemos coordinado proyectos juntos y también escribimos juntos, somos una pareja académica también”, afirma la investigadora de 45 años.
  
Asentada en México, en 2014 recibió un correo electrónico con la convocatoria del CONICET. “En ese momento me di cuenta que tenía ganas de volver. Estaba la posibilidad de Entre Ríos y soy paranaense, fue directo al corazón y a los tres días me comuniqué telefónicamente con la doctora Marta Rovira, directora del Centro de Investigaciones y Transferencia Entre Ríos, y fue muy lindo porque su voz fue muy cercana desde el principio. Desde la voz se sostuvo todo el vínculo”, cuenta emocionada.
 
Además, es docente en el doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER) que se comparte entre tres carreras –Trabajo social, Ciencias económicas y Ciencias de la educación-. “Ahí brindo un seminario optativo. Me parece que la docencia en un investigador es parte de su trabajo, tiene que ver con transferir y compartir lo que va haciendo en la investigación. Es muy importante que se combine con la investigación”.
 
La científica considera que lo lúdico es vital para el trabajo intelectual. Es por eso que integró el grupo experimental de danza teatro “El laboratorio”. Actualmente, además de su pasión por la danza se dedica a practicar y dar clases de yoga.

Fuente: Télam

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