EDUCACIÓN PARA EL DESARROLLO DE LAS NACIONES

Principios rectores

Tradicionalmente, se ha dicho que la educación constituye un vehículo hacia la formación integral del individuo y su adiestramiento para hacer frente a los retos que la sociedad le presenta. Es unánime la afirmación de que la educación se vincula a un proceso de transmisión de cultura que pone al día al individuo en diversos campos del conocimiento. Sin embargo, se debe tomar en cuenta el papel de la educación como elemento catalizador del desarrollo. Esta nota está dirigida a examinar la importancia de la educación en la construcción de sociedades que miran con ansia hacia el desarrollo. De hecho, se hace alusión al valor de los procesos educativos como responsabilidad social y su impacto en las sociedades en vías de desarrollo. Se pretende, además, hacer énfasis en el hecho de que la educación no supone simplemente una transmisión de conocimientos sino una herramienta para edificar una sociedad progresista.

Transcurriendo la segunda década de este nuevo siglo, es menester concebir a la educación como el medio principal para hacerle frente a retos tales como la promoción y consolidación de un desarrollo económico y social, la profundización y ampliación de los procesos de integración y su inserción en un mundo en constante cambio nutrido por adelantos en el área de la ciencia, la tecnología y la producción. En otras palabras, la educación es entonces un elemento crucial, un proceso eminentemente social, dirigido a maximizar el rango de oportunidades en beneficio de la población, dentro de un marco democrático.

Decir que la educación constituye un medio indispensable para acrecentar el desarrollo de nuestras sociedades nos es simplemente una propuesta. De hecho, la educación es un proceso propicio para nutrir el crecimiento y desenvolvimiento de los pueblos, e incluso elevar sus aspiraciones dentro del competitivo mundo moderno. Tenemos entonces que tomar en cuenta que la educación como medio para el desarrollo se apoya en principios que dan una dirección más precisa con respecto a un fin primordial del proceso: el desarrollo como mecanismo ideal para la superación.

Afírmase entonces que el desarrollo educativo y cultural de una comunidad es fundamental en la solidificación de una sociedad sentada sobre bases democráticas y que la educación es esencial en la formación de individuos solidarios, participativos, productivos y respetuosos. Al sustentar la importancia del desarrollo de una comunidad y el papel del proceso educativo, resulta obvio suponer que ambos conceptos deben estar estrechamente vinculados en una especie de ecuación en la cual el desarrollo corresponde directamente a la educación.

Cabe resaltarse entonces que el esfuerzo de elevar el proceso educativo como medio para el desarrollo no es exclusivo de los sistemas educativos, y no debe considerarse como tal. El Estado y todos los sectores sociales son supuestos a tener una participación activa en la configuración de políticas educativas basadas en la realidad social, las necesidades de la comunidad y el acrecentamiento de la competitividad. Adicionalmente, la participación del Estado y demás sectores de la sociedad puede permitir un acceso más factible a la educación a un porcentaje mucho mayor de la población. Indudablemente, los sistemas educativos deben apoyarse en otros entes, como el Estado, para garantizar el alcance de la educación a toda la población.

Con relación a este esfuerzo resulta indispensable la participación de los medios de comunicación. Dichos medios pueden acaparar un amplio espectro de la población y es esa propiedad una de gran interés para los sistemas educativos. El proceso educativo apoyado en mecanismos formales puede no ser satisfactorio cuando se trata de facilitar el acceso al mismo a amplios sectores de la población. En cambio, la utilización de instrumentos especiales, como los medios de comunicación, es supuesta a fomentar la educación integral, la cual constituye un recurso crucial que alienta el crecimiento y participación social cabales.

Sobre este respecto, cabe señalarse que las recientes transformaciones a nivel socio-económico, científico-tecnológico y cultural demandan una nueva perspectiva educativa. Una perspectiva tradicional aplicada a la educación reduce drásticamente las posibilidades de adecuación a los cambios. Por tal razón los sistemas educativos deben estar en condiciones de desarrollar competencias que catalicen la comprensión de dichas transformaciones y estimúlenla creatividad. En otras palabras, la educación no puede estar ajena a las transformaciones en los diversos campos del conocimiento ya que eso sería proporcional a una fosilización cultural.

Además de considerar a la educación como un medio para el desarrollo o como un proceso que posibilita al individuo una formación integral, la misma debe concebirse como una “responsabilidad social”, que conjugue la participación de los sistemas educativos, los medios de comunicación y las diferentes organizaciones sociales. Esta concatenación de esfuerzos debe, indefectiblemente, responder a la necesidad de alcanzar niveles de excelencia en la cual la educación no esté relegada a convencionalismos sino adaptada a un plano tecnológico dinámico.

En definitiva, es posible enumerar los lineamientos rectores relativos a la educación como medio para el desarrollo de la siguiente manera:

El desarrollo educativo y cultural consolida la conformación de sociedades integradas y participativas dentro de un marco democrático.

La educación promueve la formación de individuos solidarios, participativos, productivos y respetuosos.

La participación del Estado y demás sectores sociales posibilita el acceso a la educación a toda la población.

La educación, apoyada en la investigación científico-tecnológica, eleva la competitividad de las comunidades.

La utilización de los medios de comunicación favorece a la educación integral.

Los sistemas educativos basados en las transformaciones en los diversos campos del conocimiento estimulan la comprensión de los mismos y la creatividad.

La educación es una responsabilidad social.

Todo esto se complementa con el fomento de una verdadera cooperación educativa y cultural entre los países de la región iberoamericana. Por tanto, la participación de diversos entes sociales y el alcance científico-tecnológico de nuestras sociedades modernas son aspectos fundamentales que pueden definir el papel de la educación como precursora del desarrollo.

El desarrollo y transmisión de conocimientos constituyen una prioridad, sobre la base de la afirmación de que el conocimiento es determinante para el progreso de los países que conforman dicha comunidad. Se habla entonces del fin de la educación como política social dirigida a maximizar el proceso de transmisión de conocimientos y el acceso democrático a las misma, en equidad y armonía.

Podemos entonces decir que la labor de las políticas educativas esta orientada por tales aspectos como:

La reducción y eliminación del analfabetismo, la falta de escolarización, la repitencia, el abandono y el deterioro de la calidad de la educación, ya que estas debilidades constituyen puntos altamente vulnerables que pueden hacer improbable el desarrollo óptimo de una determinada comunidad.

La generación de condiciones educativas (en el ámbito elemental y secundario) que fomenten técnicas, conocimientos, valores y aptitudes necesarias que acrecenten las posibilidades de la población para alcanzar niveles educativos adecuados, sin obviar el principio de equidad. A través de esta acción, la educación puede contribuir satisfactoriamente al incremento de la participación del individuo en la transformación de la sociedad y promover el desarrollo.

Los cambios económicos son fundamentales para la adopción de políticas educativas complementadas con políticas de empleo que pueden contribuir a la incorporación de más y más elementos al competitivo mercado laboral. En otras palabras, la educación debe estar en conformidad con las necesidades y realidad social de la comunidad para garantizar la formación de individuos capaces. Por medio de esta acción se puede incluso constituir una condición que favorezca el incremento de la productividad y la competitividad.

La adopción de modelos innovadores con respecto a ala formación profesional y capacitación laboral es algo deseable para acentuar el desarrollo. Las transformaciones en el campo de la ciencia y la tecnología demandan ajuste en lo educativo, lo cual es considerado una responsabilidad de las sociedades.

El aprovechamiento óptimo de los recursos disponibles y el fortalecimiento de las instituciones de educación superior pueden definirse como estrategias propicias para el impulso en la formación integral de los individuos para que sean partícipes del desarrollo político, económico y social de nuestros pueblos.

Adicionalmente, es posible afirmar que los adelantos en material de tecnologías hacen necesaria una constante actualización de las capacidades de la población. Por tal razón, el proceso educativo no se subordina únicamente a la formación de la población discente, sino que involucra el perfeccionamiento continuo de los profesionales. Des esta forma podemos aspirar a un modelo educativo más efectivo que revierta en el mejoramiento de la capacidad laboral y el desarrollo socio-económico.

Sin duda alguna, la educación puede considerarse como una responsabilidad de las sociedades. Prescindir de la educación es proporcional a negar al hombre la oportunidad de convertirse en un ciudadano que perciba y comprenda los cambios que acompañan los avances en diversas áreas del conocimiento. Por tal razón, en el ámbito internacional, el papel de la educación es realmente crucial en tanto que favorece al desarrollo. No podemos siquiera obviar el hecho de que gran parte de los países iberoamericanos se apoyan en la educación como un medio que fomenta la productividad y la competitividad. Por tal razón, nuevas políticas y sistemas administrativos han sido sugeridos para garantizar el acceso a la educación a un porcentaje mayor de la población, para reafirmar el principio de equidad. Podemos incluso decir que la educación, desde la perspectiva de los países en vías de desarrollo, es el elemento central entre las necesidades y las aspiraciones de la sociedad. Por tal motivo, cabe señalarse que además de dignificar al hombre, la educación puede ser la vía que muchas de nuestras sociedades deben seguir para alcanzar niveles de excelencia perceptibles globalmente.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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