LOS ADULTOS MAYORES CIBERNÉTICOS

Reflexiones sobre la importancia de manejar las nuevas tecnología en la Tercera Edad.

Cada tanto aparece por las redes sociales textos o videos que hacen referencia a cosas que en la actualidad ya no existen o no se hacen. Generalmente dan cuenta sobre niños que podían jugar a la pelota o a las escondidas en la calle, sin que ello significara ninguna clase de peligro, así como de objetos que hoy pueden hallarse sólo en museos o anticuarios, como la radio a “capillita” donde se solían escuchar los radio teatros, o viajar desde un barrio hasta el centro de la ciudad en una especie de vagón ferroviario pero sin locomotora, comúnmente llamado tranvía. Y así podríamos seguir con una larguísima lista.

Si le preguntáramos, por ejemplo, a alguna persona que hoy está pisando los 80 años, seguramente nos hablaría de la aventura que significaba en su niñez viajar en esos viejos automóviles unos pocos kilómetros, en pleno verano, sin aire acondicionado, por caminos polvorientos, sin ninguno de los elementos de confort y seguridad con los que hoy cuentan nuestros modernos vehículos.

Estos pensamientos me han llevado a reflexionar sobre cómo era la vida allá por la década del 30 del siglo pasado y qué es lo que hoy siente un adulto mayor frente a tanta tecnología disponible.

Haber crecido durante esos años, con una casi total ausencia de recursos tecnológicos debió ser bastante limitante, aunque algún nostálgico seguramente esgrimirá que había tiempo suficiente para hacer cosas que hoy resultan imposibles.

De cualquier manera, estoy convencido que la falta de inmediatez en la información supuso una barrera que condicionó la vida de nuestros padres y abuelos.

Voy a poner, al azar, un año cualquiera de de esa época: 1936. Un 20 de Enero, Eduardo VII es proclamado monarca del Reino Unido y emperador de la India; un 13 de Febrero, en Londres, se estrena la película “Tiempor Modernos”, de Charles Chaplin; un 4 de Marzo, en Alemania, el dirigible Hindemburg realiza su vuelo inaugural; un 1 de Agosto, en Berlín, se inauguran los Juegos Olímpicos; un 14 de Septiembre Hitler proclama el “plan cuatrienal” para prepararse para la guerra; un 3 de Noviembre, en Estados Unidos, es reelegido como presidente Franklin D. Roosevelt.

Parece increíble que en ese solo año sucedieran tantas cosas importantes y que tal vez muchas personas en el mundo no tuvieran idea de lo que se estaba gestando, por falta de comunicación inmediata. Con absoluta seguridad, se puede inferir que si en esa época se hubiera contado con los recursos tecnológicos que hoy tenemos, el mundo hubiera sido otro.

Hoy, 80 años después, el mundo ha cambiado de manera radical. Hoy podemos conocer cualquier noticia casi al instante. Hoy podemos comunicarnos, en tiempo real, con cualquier persona en cualquier parte del mundo. Hoy podemos saber cuando se esta formando un huracán, ver fotos de Marte y del Sol. Hoy contamos con un aparato electrónico que, prácticamente, hace todo.

Justamente, por lo mencionado hasta acá, me propuse investigar qué piensa un adulto mayor sobre lo que le provoca sentarse frente a una computadora y conectarse al mundo de forma instantánea y qué les motiva a hacerlo.

La primer motivación está relacionada con la curiosidad por saber qué es internet, de qué se trata, qué ofrece, qué se puede conseguir con él y hasta dónde se puede llegar. Esta curiosidad les ha despertado un deseo por leer, por conocer, por investigar, por expresarse, por estar en contacto permanente con sus semejantes, burlando la barrera que otrora suponía su avanzada edad.

Esta conexión los hace sentirse vivos, útiles y con mayor conocimiento de cosas a las que antes no tenían acceso.

Para muchos adultos mayores, tener la experiencia de sentarse frente a una computadora significa todo un reto. Desde saber cómo encender la máquina hasta interpretar un lenguaje hasta hace poco tiempo totalmente desconocido. Con sólo dar un click y ver que una pantalla les permite acceder a un mundo de información importa vencer una gran barrera: la de la edad. Porque aunque sean muchos los años con que se carguen, con solo mover los dedos tienen la posibilidad de saber qué está pasando en cualquier lugar del mundo. No se necesita mayor esfuerzo, sólo conservar un poco de movilidad en las manos y una buena vista para poder leer. Y, aún en aquellos casos en los que la movilidad es nula y el sentido de la vista no funciona, con simples comandos de voz también es posible acceder a todo el universo que la web ofrece.

Una vez vencida la barrera de la curiosidad y la supuesta limitación de la edad, comienza la verdadera carrera por la información, porque, además, cuentan con todo el tiempo para recorrer los pasillos de la red y encontrar cualquier cosa que deseen. Apretando un botón el mundo se abrirá ante sus ojos, sin importar la hora, el momento, el día, la fecha, todo está ahí a su disposición. Si tienen insomnio o duermen poco, la red es una acompañante fiel que no se quejará por la hora o el día, y a su disposición durante todo el año.

Para un adulto mayor enfrentarse a una computadora, laptop, Ipad, Ipone o cualquier otro aparato electrónico que pueda conectarse a la red es suficiente para vencer la barrera de la tecnología. Una vez vencida, el mundo es suyo y pueden hacer con él lo que les guste. Las reglas no eran así cuando fueron educados en las escuelas religiosas, el internado o cualquier otra escuela donde se les daban órdenes y no podían pensar, sólo actuar bajo la disciplina de algún profesor autoritario, déspota y apegado a la reglamentación de un sistema de enseñanza primitivista.

Hoy pueden hacer lo que les venga en gana y nadie se los va a prohibir. Vencer esta barrera tecnológica puede resultar muy difícil, pero una vez que caiga, el mundo estará a sus pies.

Hoy, las personas de la tercera edad, a través de la tecnología, pueden comprar medicamentos, leer sobre el tratamiento que el doctor les recetó, investigar sobre los últimos aparatos para discapacidades, pedir comida, comprar ropa, hablar con familiares y amigos mediante las redes sociales, entablar nuevas relaciones, enamorarse nuevamente. En síntesis, pueden hacer casi cualquier cosa, y eso les ha cambiado la vida.

Tal vez no lo noten de manera inmediata, pero la cotidianeidad hará que se acostumbren rápidamente a cosas que se volverán normales en sus vidas.

Por ello, debemos incentivar a los adultos mayores, a aquellos que aún no conocen bien de qué se trata todo esto de internet, redes sociales y ciber espacio y a los que por temor a las barreras que deben sortear todavía no se han decidido a enfrentarlas, ayudándolos para que aprendan como si estuvieran regresando nuevamente a la escuela, paso a paso, con muchísima paciencia, pero, por sobre todas las cosas, con mucho amor, y siendo plenamente conscientes que el poco tiempo que podamos dedicarles en esta tarea obrará un beneficio exponencial en cuanto a una mejor calidad de sus vidas, retribuyéndoles en parte, de esa manera, todo el amor y el empeño que ellos nos prodigaron cuando aún no podíamos valernos por nosotros mismos.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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