A 10 AÑOS DE CROMAÑÓN

NACIONALES 30/12/2014
La noche del 30 de diciembre de 2004, durante un recital de la banda de rock Callejeros, un incendio provocó una de las mayores tragedias no naturales en Argentina, y dejó un saldo de 194 muertos y al menos 1432 heridos en República Cromañón, también conocida como República Cromagnón, una discoteca ubicada en el barrio de Balvanera en la ciudad de Buenos Aires.
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CROMAGÑÓN. Hoy se cumplen 10 años.

Hoy se cumplen 10 años de la tragedia en el boliche de Once. Es por el estrés postraumático de la tragedia de 2004, en la que murieron 193 personas. Muchos aún hoy no soportan el olor a quemado y la oscuridad. En la última década, además, 15 jóvenes se suicidaron.

LA EXPERIENCIA DE UN SOBREVIVIENTE

Fines de septiembre. Un grupo de sobrevivientes de Cromañón pintan un mural en la calle Bartolomé Mitre al 3000, a metros del santuario. Quieren que ese callejón oscuro, habitado por marginales cada vez que cae la noche, cambie. Con memoria, con color. María Eugenia Macchi (26), sobreviviente de la tragedia del 30 de diciembre de 2004 y miembro de la Asociación Familias por la Vida, está ahí. Con frecuencia, observa que lo que alguna vez fue el boliche sigue con la persiana levantada. Y que solamente un chapón cruzado tapa la entrada, deficientemente. Hay espacio para que los curiosos entren y salgan, pese a que el local está clausurado por la Justicia. Casi sin darse cuenta, termina por revivir el horror. “Me acerco porque veo la valla caída y sin custodia. De golpe, estoy adentro de Cromañón”, relata. “Pude avanzar solamente unos pasos. El olor era exactamente el mismo de aquella noche en la que murieron 193 chicos. Una mezcla de plástico quemado, humo y polvo. Enseguida, sentí que me costaba respirar. Empecé a recorrer todo el boliche, con los ojos, lentamente, de izquierda a derecha. Estaba todo igual: marcas de manos desesperadas en las paredes, zapatillas de chicos apiladas, la bandera de Callejeros sobre el escenario... Por un momento, sentí que cerraba una etapa”, dice. Pero las sensaciones se mezclaron. El cuerpo se le entumeció. Rápidamente, un sofocón. “Aparecieron imágenes de esa noche, de desesperación. Sentí que me desvanecía –explica–. Pensé: si me caigo acá, nadie me va a encontrar. Sentí lo mismo que ese 30 de diciembre. Que no iba a llegar a la puerta de salida, aunque estaba cerquita”. Un amigo la agarró del brazo y la sacó. Afuera, llamó a la Comisaría 7ma. para denunciar, por enésima vez, que el boliche seguía abierto. “Después, estuve por lo menos cinco horas llorando. A los pocos días, por primera vez tuve que empezar a hacer terapia. Se agudizaron las pesadillas y empecé a levantarme sobresaltada”, cuenta. La persiana de Cromañón se bajó definitivamente el martes 25 de noviembre. Lo ordenó el Tribunal Oral 24, encargado del juicio en primera instancia y de la custodia del local. Fue tres días después de que Clarín publicara una nota basada en el testimonio de personas que habían entrado al lugar.En aquella crónica, se contó lo mismo que, por su parte, vio María Eugenia: el lugar estaba igual que la noche del incendio, como si el tiempo no hubiera pasado. Allí, además, había diarios de los últimos meses, botellas de cerveza y olor a orín, lo que hace suponer que alguien dormía en el lugar. “En la asociación tuvimos denuncias de gente que entraba constantemente, incluso para llevarse cosas del hotel que funcionaba al lado de Cromañón y que también está clausurado”, agrega Mauge.¿Qué sintió cuando vio que, al cabo de 10 años, la puerta de Cromañón seguía abierta? “Usaría la palabra ‘corrupción’, que es lo que marca la historia de esa noche de muerte. Además de la tragedia, durante 10 años el boliche tuvo muy poca custodia. El Estado se siguió olvidando de las víctimas”.María Eugenia y Walter, un amigo con el que había ido al recital de Callejeros, pudieron salir aquella noche de 2004. Pero no del todo. “A mí me cambió la vida para siempre. Yo quería ser bailarina y después me dediqué a la abogacía, para buscar Justicia”. Y concluye: “Me da energía pensar en hacer algo para que mis sobrinos no tengan que pasar por algo así”.

Juan ANDRADE

Corresponsal

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