Julio Antún, el arquitecto mendocino que hace casas en playas paradisíacas del caribe mexicano

PERSONAJES 24 26/12/2014
Amante de los viajes, un día se decidió a una “prueba piloto” en Playa del Carmen. En 2000 apareció en las páginas del diario La Nación destacado por haber empezado la facultad con tan sólo 15 años

Los caminos de la vida no son los que imaginaba. El mendocino Julio Antún (30) dice que su idea era estar sólo una temporada en Playa del Carmen, en México, y luego volver a trabajar en sus proyectos propios relacionados con la arquitectura. 


Pero hoy Julio sigue viviendo en aquel país impactado por el lugar, por las playas, por nuevas ambiciones en las que se ha embarcado y por los amigos de todo el mundo que ha conseguido. 


Ésta no es la primera vez que él es noticia. En 2000 apareció en las páginas del diario La Nación destacado por haber empezado la facultad con tan sólo 15 años, para cursar Ingeniería en computación en la Universidad de Mendoza. 


“La verdad es que fue más un proyecto que algo concreto (fue sin exámenes y por un par de meses) como una prueba piloto. La verdad es que considero mi verdadero ingreso al mundo universitario cuando empecé arquitectura”, dice ahora el mendocino que vivía en Villa Hipódromo.


Dejar Mendoza


Después de terminar Arquitectura en la Universidad de Mendoza, en 2010, Julio sintió la necesidad de conocer nuevos lugares. “Si bien ya había viajado bastante -viví 4 años en Brasil con mi familia y casi 1 año en Chile de intercambio en la Universidad Valparaíso- trabajaba en un estudio de arquitectura y empezaba con proyectos propios, sentía que era un buen momento para viajar. Es ahora o nunca”, dice que pensaba por aquellos días.


Luego, por esas casualidades de la vida, una colega suya que estaba viviendo en Playa del Carmen, luego de varias charlas, le ofreció su puesto de trabajo, porque ella tenía pensado regresar al país. “Mi idea era estar por una temporada y volver. Las vueltas de la vida, ¿no?”, afirma. 


De esta forma, compró sus tickets de avión, se puso de acuerdo con su ex jefa (una gran maestra y amiga) y se embarcó hacia México. Julio asegura que no es del tipo de persona amante del verano, pero que el lugar al que llegó lo dejó impactado.  


“Ver a los costados del camino una muralla verde de selva impenetrable  y como remate el mar azul... Sí, como esa horripilante canción de Cristian Castro”, cuenta con humor, agregando que Playa del Carmen y en general casi todo el Estado de Quintana Róo son lugares relativamente nuevos y cosmopolitas. “Vive gente de todas partes del mundo; eso me encantó”, agrega. 


Empezar a trabajar


Julio comenta que finalmente no pudo entrar en el trabajo que había pactado al momento de viajar, pero que eso no le alteró los nervios, sino que se lo tomó como una temporada de vacaciones por México.

“Aquí hay un dicho un poco crudo que dice que ‘la playa te adopta o te aborta’. Al parecer me quería adoptar ya que a las pocas semanas un amigo me ofreció dar clases de español en un instituto a señoras alemanas -que pusieron a prueba mi calma-, y casi al mes entré en una empresa de diseño y construcción de plantas de tratamiento de aguas. Ahí fue el gran salto”, cuenta.


A las dos semanas, el mendocino ya tenía su residencia mexicana y a los cinco meses terminó de revalidar sus estudios con la Universidad Autónoma de México, un requisito indispensable de la empresa. Allí trabajó diseñando detalles de las plantas de tratamiento y como además su jefe expandía su negocio a otros rubros, también diseñó vinerías, panaderías y oficinas, entre otros.


“En ese punto tuve que tomar la decisión de quedarme o volverme. Me acuerdo claramente cuando cancelé el ticket de vuelta y avisé a todos”, desliza con un dejo de nostalgia pero convencido de su decisión. 


Al año y medio de estar tuvo la oportunidad de entrar en su actual trabajo, una empresa constructora canadiense, en la cual es el único arquitecto. “Lo más importante fue hablar súper fluido inglés, ya que todos los clientes son extranjeros, generalmente gente que busca construir su casa para retirarse junto al mar o inversionistas de condominios.

Por ejemplo, el cliente australiano y su esposa inglesa que viven en Francia y hablan vía Skype con el arquitecto argentino que vive en México. Así es la mezcla”, describe.


Para finalizar, cuenta que algo que siempre lo llena de orgullo es el momento en que uno de sus clientes le pregunta de dónde es.  “Al enterarse que venís de Mendoza, conocen a la perfección dónde está, la montaña, lo linda que es y el excelente malbec que se produce”, dice con el orgullo que surge con la distancia del hogar.


“Vamos aquí por el séptimo proyecto del año. Soy el único arquitecto así que me encargo del diseño de toda la casa e incluso partes del mobiliario”, comenta y adiciona que esto le lleva mucho tiempo, lo cual complica sus visitas a Mendoza.


“Extraño mucho a mis amigos y a mi familia, aunque logré que mi vieja use Skype, ¡que es todo un logro! Eso sí, si ando medio meditabundo, me interno en el mar con una paddle board”, cierra, como para que todos le tengan sana envidia.

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