Anti-Fiestas: los que no quieren festejar

NOTICIAS DE INTERES 24/12/2014
Por la época del año, las emociones están a flor de piel. Por eso, hay quienes -lejos de sumarse a las celebraciones- las sufren por los conflictos familiares o porque no creen que haya motivos para reunirse con “desconocidos”. Recomiendan restarle peso al momento.

 Si de analizar esta época del año se trata, la verdad es que los temas abundan desde diferentes aristas. Consumo, balances y estrés se llevan gran parte del tiempo que invierten quienes quieren celebrar la Navidad y el fin de año. Sin embargo, también hay un grupo de personas que, lejos de festejar, la pasan mal porque las Fiestas implican conflictos o angustias o porque simplemente no les gustan.

Tal es el caso de Luciana (32), que directamente califica el festejo de “hipócrita” y se pregunta qué es el espíritu navideño. Aduce que lo que se festeja en Navidad es el nacimiento de Jesús y no comprende por qué la celebran todos por igual, indistintamente de sus creencias religiosas. Por otra parte, la manera de festejarla dista bastante de lo que la motiva. Asegura que es de los que sostienen que se acostaría el 23 de diciembre y se levantaría el 2 de enero. 

“Me molesta todo lo que se genera: el gasto excesivo en comida y objetos. No soporto a gente alterada en la calle que hace que en vez de que sea una reunión agradable y relajante llegués a esa noche agotado. También me molestan mucho los petardos que hacen llorar a los bebés y ponen mal a los perros, así que me pongo de mal humor a la 1 cuando estallan”, enumera Luciana para dar una noción de lo que le provoca esta fecha. 

Los conflictos familiares y los cuestionamientos a una celebración que obliga a algunos a hacer algo que no quieren, son las causas que suman adeptos al grupo de los que preferirían desaparecer del mapa en esta ocasión o que, por lo menos, elegirían no participar. 

Fernando (41), por su parte, sufre las Fiestas “porque es un momento en el que personalmente quiero estar con la menor cantidad de gente posible y los compromisos familiares a veces no te lo permiten. No es que uno la pase mal con la familia pero, si fuera por elegir, la pasaría con muy pocas personas y quizás solo con mi pareja en algún lugar alejado, que es lo que hice en las Fiestas pasadas y lo que haré para este Año Nuevo”. 

Momento crítico

Las emociones están a flor de piel en esta época del año, en la que se tiende a realizar balances y, por tratarse de una instancia en la que se propician las reuniones, los conflictos familiares se exacerban. Asimismo, ciertas dificultades, como haber perdido el trabajo o separaciones, adquieren otra relevancia. 

Para Fernanda (38), la Nochebuena es un trago amargo que tiene que pasar después de haberse separado, ya que su hijo está con su padre. “Te quedás con el beso y el regalo hasta el otro día, pero no puedo llorar porque amargo a todos y uno no la pasa bien. Mis padres lo sufren mucho y eso es feo”, relata. Agrega que “a las 12 de la noche no saludo a nadie, me separo del grupo y me voy a llamar por teléfono a mi hijo”. 

Por otra parte, influye el ambiente social, según explica el psicólogo Santiago Gómez, director del Centro de Psicología Cognitiva. A medida que se aproxima la fecha de las Fiestas, “el clima” que se vive en la calle es de euforia y excitación y las personas actúan “como si se fuera a terminar el mundo”, lo que estimula la sensibilidad de los individuos y los lleva a concentrarse en recuerdos y vivirlo con nostalgia o angustia. 

Mirta (53) relata que con la familia de su esposo no se reúnen por ciertas diferencias, lo cual le provoca tristeza porque cada vez son menos los que comparten la mesa navideña. Es que cuando se ven resurgen las competencias y los planteos pero también le parece que sería un absurdo tener una reunión con el resto de la familia, que ni siquiera saluda a sus hijos para los cumpleaños. 

Cintia (36) vive las Fiestas con algo de angustia y enojo porque luego de una pelea familiar cada uno la pasa por su cuenta. Recuerda que su abuela llora por no poder tenerlos a todos juntos y ella misma, luego de las 12, se esconde para que no la vean hacer lo mismo, añorando los tiempos más felices. 

Por el contrario, tener que compartir tiempo con personas con las cuales no hay una buena relación, o simplemente no se tienen ganas, también le genera una situación desagradable. 

“La gente sufre porque se ve obligada a confrontar con quienes no quiere, pero siempre es importante para el ser humano que pueda hacer lo que quiera”, analiza el psicólogo Alberto Muñoz. Agrega que justamente la sensación de angustia que generan estas sensaciones es lo que lleva a sentir que se quiere desaparecer. “Será muy lindo el espíritu navideño pero si yo no tengo ganas de compartir con alguien, que lo haga no va a reparar nada”. 

Restarle peso 

Pretender cambiar las cosas que no agradan o considerar que no se cumplió con los objetivos para el año también produce frustración y ansiedad, entre otros sentimientos que hacen que a muchos no les agrade este momento del año. 

Por ello, Muñoz señala que las fechas no son problemáticas en sí mismas sino que es el ser humano el que las problematiza y ese posicionamiento hace que se agrave la conflictividad. “Estas fechas, como los cumpleaños, llevan a la reflexión sobre lo hecho y lo que no, y pone límites (en el tiempo); lidiar con la idea de finitud es algo con lo que al ser humano le cuesta lidiar y puede conllevar angustia”, destacó. 

Pero en este sentido, aclaró que es importante tener en cuenta que no hay razón para angustiarse porque después del 31 de diciembre viene el 1 de enero y después el 2 y el año entero. Se trata de fechas que tienen que ver con el calendario pero que no implica que se va a resolver todo. Por eso recomienda que si hay cosas que no se resolvieron, se evalúen alternativas de resolución. Y cierra: “No hay que sobrecargar la fecha en sí con tantas exigencias”.

Consejos para disfrutar el fin de año 

El estado emocional hace que se concentre la atención de manera selectiva en recuerdos y vivencias negativas, señala el psicólogo Santiago Gómez. Por ello sugiere que “un balance saludable consistiría en rescatar y valorar lo bueno que tenemos, planteando como nuevos objetivos lo que no se pudo concretar este año”. 

Propone algunos puntos a considerar para disfrutar de las Fiestas:

-Eliminar del pensamiento y del vocabulario la frase “me acostaría el 23 y me levantaría el 2”, ya que se trata de una idea mágica que no resuelve la situación que nos hace sufrir.

-Los seres queridos que no están físicamente con uno están de otra manera, en los recuerdos y vivencias positivas que hemos compartido.

-Agradecer y valorar todo lo que sí tenemos.

-Focalizar la atención en lo positivo, en lo bueno, ver “la mitad del vaso lleno”.

-Permitirnos estar en contacto con las diferentes emociones, la tristeza y la alegría

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