Oreste Omar Corbatta, un ídolo que se fue solo

PERSONAJES 24 14/12/2014
Solo, triste, aunque muy recordado por la hinchada de Racing, el 6 de diciembre de 1991 dejó de existir Oreste Omar Corbatta, cuando tenía apenas 55 años, pero dejó su estela de futbolista brillante

En 1955 Racing produjo un cambio generacional en su delantera. 

Adquirió al club Arsenal de Llavallol al notable Humberto Dionisio Maschio -jugador estratégico de con gran pegada- y por otro lado había llegado un delantero elegante, habilidoso y muy joven: Antonio Valentín Angelillo, de 17 años. 


Sin embargo, el que quedaría inmortalizado en ese quinteto "mágico" fue un flaquito desgarbado, de piernas peludas y carita de ángel. Se llamaba Orestes Omar Corbatta y su dimensión resultó infinita como "hijo del potrero" y jugador de habilidad inconmensurable. El mejor wing derecho de la historia. 

Corbatta, 1,65 y 63 kilos, era de Daireaux, localidad de no más de 5.000 habitantes, situada en el centro de la provincia de Buenos Aires. Llegó al mundo el 11 de marzo del 36. De familia numerosa, sus padres engendraron 7 hijos. Al tiempo, se establecieron en un suburbio de La Plata. 

Como tantos otros chicos de familias humildes, donde no sobraba nada, su vida fue el potrero. A los 15 años era jugador de la sexta de Estudiantes de La Plata y en el 52 quedó libre después de una lesión en un tobillo. "Se olvidaron de él", contó cierta vez Julio Venini, volante central de aquella primera "pincharrata". 

Su padre, jardinero, obtuvo un trabajo en Chascomús y llevó a su familia. El club "Juverlandia", cercano a la laguna, resultó el escenario que, al cabo, lo llevó a Racing. A los 18 años ya enloquecía a sus rivales y a quienes, unos pocos, iban a Chascomús para verlo jugar. 

El "arlequín" -así lo definió Juan José Pizzuti- llegaría a maravillar a los peruanos en el Sudamericano de Lima. Luego, al periodismo del mundo. Hasta a los norteamericanos. En julio de 1957 fue la tapa de la revista "Life", en Estados Unidos. 

Con los años tendría el récord de penales convertidos. De los 68, sólo 4 atajados en veinte años. Fueron Julio Cozzi, de Independiente, en el 58; Antonio Roma, de Ferro Carril Oeste, un año más tarde; Heriberto Righi, de Banfield, en 1963, cuando 

Corbatta estaba en Boca, y el chileno Quitral, en el 57, jugando por el seleccionado. 

Su habilidad y desparpajo asombraron a uno de los tantos detectores de talentos que lo llevó a Racing. Fue en el verano del 55. 

Debutó en un preliminar, en el "Cilindro" de Avellaneda, entre la "Academia" y el Rapid de Viena, de Austria. Esa tarde-noche empezaba la leyenda del "crack". 

Los que lo vieron jugar en el amistoso preliminar entre la reserva de Racing y San Lorenzo recuerdan la magia y el "fenómeno" que inspiraba ese flaquito, que llegó al vestuario con una camisa blanca con una raya horizontal azul y en zapatillas. Apenas con un bolso. 

Racing lo pagó 18 mil pesos e iba a debutar en un amistoso contra Quilmes, entre semana. Cuenta la leyenda que hubo más de 2.000 personas que concurrieron por todo lo que se hablaba de él. 

Pero no jugó. El bautismo vendría después. 

"Creíamos por error que se llamaba Comesaña. La rompió y le hizo hacer dos tantos al "Turco" (Eduardo) Balassanián, goleador de la tercera. Varios años después supimos que el marcador de punta rival, severo defensor, era el tucumano David Iñigo", evocó Héctor Bono, consultado hace un tiempo por Télam. El ex lateral de Racing fue el primer amigo de Corbatta en la Academia. 

"Dos años más tarde, Iñigo compartiría la selección nacional con Corbatta en el extraordinario equipo que fue a Perú", añadió Bono, campeón con Racing en el 58, que tuvo alojado en su casa familiar al "crack" llegado de Chascomús 

"Antes, en el 54, el 7 titular era Norberto Cupo, de una delantera donde jugaron Juan José Pizzuti, Manuel Blanco, Llamil Simes, también Ameal y Ezra Sued. Fue el último año del notable puntero izquierdo. Corbatta tenía 18 años", agregó. 

Corbatta reunía todas las cualidades de un futbolista anormal para el adversario. Era "mágico", rápido con la pelota atada a su pie derecho. Tenía el freno y el amague incorporados a un cambio invisible. Fue un wing clásico, bien pegado a la raya. Indescifrable.  

Jugó veinte años. Después de Racing fue a Boca, en el 63, con pase récord esa temporada. Lo pagaron 12 millones de pesos. Estuvo dos años y lo adquirió Independiente Medellín. En Colombia formó otra pareja. De su primer matrimonio tuvo una hija después del Mundial de Suecia, en el 58. 

Hizo 122 goles en Primera. Los más recordados fueron los 79 que marcó para Racing. Convirtió uno inolvidable en La Bombonera (Argentina 4 - Chile 0) por la eliminatoria, en la primavera del 57. Eludió varias veces a dos defensores chilenos y con varios amagues dejó al arquero Quitral en el piso antes de anotar. 

En su decadencia, ya en los años 70 -jugó en San Telmo y Tiro Federal de Río Negro- el genial Corbatta fue alojado en una piecita debajo de una tribuna de la cancha de Racing, donde entre 
1955 y 1962 habían brindado su magia. En los últimos años padeció de alcoholismo. 

Murió por un cáncer en la laringe y dos años más tarde la directiva de Racing gestionó ante la municipalidad de Avellaneda el cambio de nombre de la calle, una cortada, lindera al "Cilindro". Antes, el periodista Jorge Llistosella, que fue redactor de "El Gráfico" en el apogeo de Corbatta, había escrito: "No habrá ninguno igual". Como dice la letra de tango.

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