Fútbol obrero

DEPORTES 30/11/2014
Fútbol obrero

 El estadio de la Calle del Payaso Fofó (el de Gaby, Fofó y Miliki), hijo ilustre de Vallecas, recibe emocionado al Rayo Vallecano . "Bukaneros", los "ultras" de izquierda, lideran la fiesta en el estadio que hasta 2011 llevó el nombre de Teresa Rivero, esposa de José Ruiz Mateos, el terrateniente del Opus Dei que compró al club en 1991, tras cumplir prisión por evasión y fraude. Es el barrio obrero de Madrid que hoy, domingo 23 de noviembre de 2014, saluda feliz al Rayo. Su equipo es el más pobre de la Liga de las Estrellas de España. Y es el único cuyos jugadores y DT juntan su dinero para buscarle vivienda a una anciana de 85 años echada por orden judicial de su casa de medio siglo. "La gente estaba emocionada, con muchas ganas de agradecerle al equipo el gesto que ha tenido", dice el DT Paco Jemez tras la sufrida victoria 1-0 ante Celta. "Si lo viera le daría cuarenta besos", agradece Carmen Martínez Ayuso. "Carmen se queda", afirma uno de los mensajes en la tribuna. "El Rayismo contra los desahucios", se lee en otro. Y un tercero le dice al equipo: "Orgullosos de ustedes".

"Carmen se queda", dice la bandera.  Foto: EFE 

Dos días antes, la policía bloquea con siete patrulleros la calle Sierra de Palomeras a las siete de la mañana para desalojar a Carmen. "Ya no me quedan lágrimas", dice la anciana. No sabe leer ni escribir. En 2010, su hijo puso la casa como aval para un préstamo de 40.000 euros que, crisis mediante, jamás pudo pagar. La justicia falló que la casa debía ir a manos del prestamista. Bankia y un fondo vinculado con Goldman Sachs quisieron desahuciar poco antes a una anciana de 70 años y a una madre de cinco hijos. "No más viviendas públicas a fondos buitres", pide Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). Cerca de 480.000 familias se han quedado sin casa desde el estallido de 2008 en toda España. 218 por día. Gente que compró durante la burbuja inmobiliaria de 1997-2007 y luego no pudo pagar hipotecas o alquileres de precios e intereses que se fueron por las nubes. Ni los suicidios frenaron los desahucios. A un bombero heroíco que se negó a echar a una anciana, la justicia lo multó con 600 euros. El principal mito hoy en España, dijo el lunes pasado el escritor Juan Goytisolo, flamante ganador del Premio Cervantes, "es la Marca España".

Los noticieros, sin embargo, lloran la muerte de la Duquesa de Alba, una anciana deformada por el botox, con record Guinnes de más de 43 títulos nobiliarios, una fortuna de 2.800 millones de euros, palacios y castillos. Novena riqueza del país, segunda propietaria de territorio después de la Iglesia Católica, con 34.000 hectáreas, la Duquesa es la tercera persona en España que más ayudas agrícolas recibe de la Unión Europea. A Carmen la ayuda el Rayo Vallecano. Y su desahucio, similar al de tantos otros, gana más notoriedad y desplaza por un momento tanta atención por la Duquesa. "Hay otros casos sangrantes -dice a la cadena Ser el capitán Roberto Trashorras-, pero este no se puede consentir". El periodista le lee mensajes de aficionados: "Hoy el Rayo les ganó a todos", "Más que un club, un señor club", "Ya sois unos campeones", "Más equipos como el Rayo". "Se me pone la piel de gallina -responde Trashorras-. A veces vivimos en una nube, en un mundo paralelo, pero el Rayo está un barrio como Vallecas, con muchos desahucios, humilde y obrero". Vallecas fue una de las zonas más castigadas por los bombardeos que ordenó Franco en plena Guerra Civil. Murieron al menos 35 personas, mujeres y niños incluídos. El alcalde socialista Amós Acero Pérez, que frenó a exaltados que querían quemar la escuela Ave María ("me quemarán a mí también porque estaré allí dentro con las hermanitas"), fue ejecutado por el bando vencedor. Carmen sobrevive de niña a la masacre.

"Como club -me dice el colega español Quique Peinado, hincha del equipo y autor del libro Futbolistas de Izquierdas-, el Rayo ha estado históricamente de espaldas a la realidad social del barrio", no así sus hinchas. Cada año, Bukaneros explica al plantel la realidad de Vallecas y garantiza aliento a cambio de entrega absoluta. Uno de los tantos jugadores argentinos que pasó por el Rayo les preguntó cuánto dinero querían. Le aclararon que no se trataba de eso. La temporada pasada, tras perder 0-1 con Sevilla y quedar penúltimo, a cinco puntos del descenso, Bukaneros obligó al equipo a volver al campo. Los hinchas querían reconocer el esfuerzo y los jugadores terminaron cantando con ellos. Ganaron cuatro de los cinco partidos siguientes y salvaron la categoría. "Antifascistas y antirracistas", ya distantes de viejos episodios violentos, Bukaneros, me cuenta el colega Aitor Lagunas, de la gran revista Panenka, es casi la única hinchada sobreviviente de izquierda, tras la desaparición de los Biris (Sevilla), Riazor Blues (Deportivo), Celtarras (Celta), Herri Norte (Athletic) o Indar Gorri (Osasuna). Canta el grupo Ska-P "Como un Rayo", una canción que Bukaneros hace himno: "Mi equipo está al sureste de Madrid/ Vallekas, sí, me hace feliz".



En la temporada anterior, en la que salió octavo, su mejor clasificación histórica, el Rayo fue el tercer equipo de Europa con más posesión (58,13 por ciento), sólo superado por clubes de presupuesto multiplicado por treinta: Barcelona (69,13) y Bayern Munich (63,62). En Liga de España, con el presupuesto más bajo, fue el segundo equipo, junto con Valencia, que más veces tiró al arco (el primero fue Real Madrid). "El Rayo -explica Jemez, DT de culto hoy en España- tiene más posibilidades de cumplir sus objetivos siendo extremadamente valiente que jugando de otra forma". Hijo de un "cantaor" flamenco, Jemez, un duro defensor que marcó aMaradona , Bebeto, Ronaldo y Zamorano, entre otros, se reconvirtió en un DT de juego audaz que revivió al Rayo. "El orden -dice Jemez en entrevistas a Jotdown, Líbero y El País- es importantísimo". Pero el fútbol, añade, es movilidad permanente y eso es desorden. "El mejor equipo -dice Jemez- se ordena y se desordena continuamente". Hay que tener convicción para salir jugando desde el arco, porque se sufren más goles "regalando balones con pelotazos largos" que por un pase mal dado. Presionar arriba los noventa minutos. Recuperar la pelota en 4-5 segundos. En defensa manda el central que está más cerca del peligro. Y, si el lateral sube, que no piense en defender. Jemez elige el riesgo porque "el día que empatemos doce partidos -afirma- bajamos a Segunda". Sabe que "la posesión sin definición crea un problema" y, por eso, quiere intensidad. Toma situaciones de partido y saca hasta cinco ejercicios distintos por entrenamiento, casi novecientos ejercicios diferentes por año. Evita la rutina, mantiene vivo al jugador y lo hace pensar constantemente. Pero Jemez sabe también que, si los once jugadores no salen convencidos, "el desastre puede ser monumental".

Al principio, los hinchas del Rayo se tomaban la cabeza. Ahora saben que es así. Porque Jemez no duda. Elige mejorar lo que hace, no cambiar. "Si eres más valiente -afirma- ya tienes una ventaja". Y porque "sin riesgo no hay nada". Es un riesgo sin techo, porque lo que se intenta es "conseguir metas". "Jamás me sentí tan orgulloso y emocionado por ver al equipo", escribió Peinado en Líbero. Los hinchas, me dice Lagunas, se identifican "con el orgullo del pequeño que desafía a los grandes". "Tienen -dice Jemez- el orgullo barrial de un enclave humilde, castigado y reivindicativo. Es una gente que ha pasado de todo. Nos meten 6-0 y no nos hundimos. El barrio es fiel reflejo de lo que ahora es el equipo". Hay que ver la sorpresa de sus jugadores cuando, antes de un partido decisivo, Jemez hace entrar al vestuario a padres, parejas e hijos. "Están acá -le dice a sus jugadores- porque nosotros somos lo que somos gracias a ellos y están aquí ahora para que disfruten y se sientan partícipes de todo lo que hemos conseguido". Cuentan que Rayo Vallecano, fundado en 1924, cruzó en 1949-50 una banda roja a su camiseta blanca en agradecimiento al Atlético Madrid. Y que River Plate, en plena gira por España, le donó un juego de camisetas. Ahora es River, el equipo que hasta semanas atrás se animó a jugar distinto en Argentina, el que acaso puede alimentarse del espíritu del club pobre. Su juego de riesgo ha sido un soplo de aire fresco para el fútbol argentino.

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